Por Hernán Rodríguez

Actualmente en la Argentina el 25% de los jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia ni trabaja. Los investigadores los llaman  “la generación ni-ni” (ni estudian ni trabajan), y calculan que son entre 900 mil y 1 millón de jóvenes. Su situación los expone a las bandas delictivas, al narcotráfico, al uso de drogas, al alcohol y la violencia.  Los datos del Sedronar expresan que entre el 2001 y el 2011 los jóvenes que abusan del alcohol pasaron de ser del 30 al 63%. El uso de drogas en el mismo período pasó del 5.2 al 12.3%. Los datos son alarmantes.

Mientras que este segmento muy vulnerable de jóvenes se encuentra sin rumbo, el desarrollo del mercado laboral les

exige cada vez más capacitación, alejándolos naturalmente de la posibilidad de alcanzar un puesto de trabajo digno y estable.

El hecho de haber abandonado y fracasado en la Escuela Secundaria y de no tener actualmente un trabajo implica que se sientan a nivel personal más desvalorizados frente a una sociedad que sigue su curso sin ellos. Se sienten prescindibles, quedando así más expuestos a la tentación de cualquier “atajo” que les ofrezca ganar reconocimiento y aceptación en forma rápida y con el menor esfuerzo, aunque eso signifique transitar el camino de la delincuencia.

En este contexto de emergencia social resulta preocupante el aumento de las publicidades y contenidos audiovisuales que otorgan visibilidad y valorizan otros modelos culturales que son nocivos para la integridad social.

La reciente campaña publicitaria de Pepsi nos presenta un modelo de joven que resulta exitoso cuando toma el atajo del robo, insinuando también que no solo así se ganó la gaseosa sino también a la chica linda de la historia (con el agravante de que es una mujer casada y con hijos). El slogan de la campaña es “Ganá por afano”. En la portada Mauro Icardi, con una tapita de gaseosa en el ojo, hace un gesto que alude a los piratas por el parche a un guiño (un gesto que tiene que ver con la trampa, el engaño y la complicidad).

Pepsi se animó a trasgredir con su nueva campaña y no fue sancionada por el Estado: ¿qué harán otras empresas o agencias de publicidad si a ellos les fue bien y no pasó nada? Es esperable que una porción creciente de todos los contenidos audiovisuales que circulan cotidianamente adopten estas formas que refuerzan las conductas delictivas a las que son arrastrados los jóvenes excluidos y de las que tanto nos quejamos diariamente.

Como cristianos podemos ofrecer una respuesta a tanta necesidad. Levantarnos solo para denunciar o protestar contra esta situación no resolverá nada. Nadie deja el pecado solo porque entendió que es pecado.

El pecado ocupa un vacío que solo el amor de Dios puede llenar. La clave estará en que desarrollemos aún más la capacidad de comunicarnos en forma audiovisual, no solo verbal. Me refiero al desarrollo de películas, tanto cortos como largometrajes, series, videos musicales, música y todo tipo de arte visual que pueda mostrar el amor de Dios. Somos una alternativa atractiva y sólida, solo nos falta expresarla artísticamente.

El arte es adoración y  forma parte de la comunicación humana, es diseño de Dios. Pensemos en la belleza de las parábolas de Jesús, sumamente atractivas y enigmáticas, pero a su vez, sencillas. Ellas fueron capaces de comunicar el amor y la justicia de Dios tanto a niños como a adultos, hombres y mujeres, campesinos, comerciantes, funcionarios, soldados, intelectuales y religiosos. La gente se agolpaba alrededor de Jesús para oírlo.

Y es interesante el detalle de que ninguna parábola satura  a la audiencia con lenguaje religioso.  Las redes sociales hoy nos ofrecen la oportunidad invalorable de poder difundir contenidos prácticamente sin ningún costo. Aprovechemos todas estas oportunidades. Somos la luz del mundo, y la luz brillará desde lo más alto para que todos puedan conocer del amor de Dios.