Por Fernando Altare (*)

A 10 días de la tragedia de Costa Salguero los medios siguen debatiendo el tema, la justicia sigue investigando, la gente sigue opinando y los seres queridos siguen llorando sus irreparables pérdidas. ¿Y los líderes juveniles cristianos? Me pregunto si nos estaremos haciendo preguntas…

¿Realmente no tenemos nada que ver con esto? ¿Porque haya sucedido a un montón de kilómetros de nuestra iglesia se tendrían que preocupar otros? ¿De verdad afirmaríamos que esto nos sorprendió? ¿En serio que el tema se cierra con un par de versículos sobre el libre albedrío y alguna que otra condena para el “mundo”?

Los pibes de hoy están en una profunda y desesperada búsqueda espiritual y son coherentes con eso. Les resulta insoportable la ansiedad de sentido, de rumbo, de satisfacción y de bienestar interior, por eso cada vez más van a seguir probando cosas y metiéndose donde sea necesario para encontrar lo que buscan.

¿Y nosotros? No quiero ser negativo ni generalizar, pero si soy honestamente autocrítico podría responder “Bien, gracias…”. Quizás muchos de nosotros solo seguimos abriendo las puertas de nuestras iglesias los días que hay reunión de jóvenes, como la gran propuesta frente a esta demanda espiritual frenética y sin precedentes. La pregunta es: ¿alcanza?

O la juventud de nuestro país no tiene idea de que la respuesta que buscan se llama Jesús, o la forma, el lenguaje, el lugar, el tono y hasta la cara con la que se lo dijeron alguna vez, hizo que no lo consideraran opción o simplemente no lo entendieran. Sea una cosa o la otra, me siento responsable por ambas.

¡Líderes juveniles volvamos a estar a la altura de lo que el Maestro y la actualidad nos piden! No nos limitemos a cuidar y a encerrar a un pequeño rebaño, salgamos junto con nuestras ovejas a buscar a las que están aturdidas y confundidas por un hambre que las consume. La sal y la luz cobran verdadero sentido afuera del templo y no adentro. Un “afuera” que tenemos que mirar más, caminar más, amar más y alcanzar más. No sea que nosotros también terminemos evadidos de la realidad consumiendo las pastillas del encierro y aislamiento religioso.

(*) Fernando Altare es director de Especialidades Juveniles en Argentina