Cuando el amor mueve los corazones de los que están dispuestos, no hay limitaciones que se interpongan.
Un grupo de varones cristianos de Adrogué, en el sur bonaerense, se vieron conmovidos por la historia de Luca, un pequeño de 10 años a quien le diagnosticaron leucemia y que, junto a su madre, su abuela y 4 hermanitos, vivían en la precariedad de una vivienda que distaba mucho de ser digna. Y cabe el tiempo verbal “vivían” porque a partir del trabajo mancomunado de este grupo de más de 50 hombres, hoy Luca puede empezar a disfrutar de la comodidad de una habitación, baño y un ambiente calefaccionado, tan necesario a esta altura del año, dada la fragilidad de la salud del pequeño.
Uno de los impulsores de esta movida solidaria cuenta que “un día, llevamos alimentos a la casa de Luca, con la intención de dar una ayuda a esta familia de la cual sabíamos que estaba pasando necesidades a causa de la enfermedad del niño y la falta de un sustento en el hogar. Cuando entramos allí, noté con angustia que en las condiciones de salud que estaba, Luca no podía vivir en un lugar así. Este pesar que tuve en mi corazón lo trasladé a un grupo de amigos de mi iglesia, que también lo tomaron como suyo. Así fue que, whatsapp mediante, nos pusimos de acuerdo entre todos y cada uno puso su granito de arena para que pudiéramos construir y refaccionar la casa de Luca y su familia”.
En este equipo de trabajo hay quienes tienen conocimientos de albañilería y construcción, pero cuenta con otros emprendedores que facilitaron materiales, muebles y electros, como así también aquellos que hacen de su facilidad para las relaciones públicas que este emprendimiento solidario tome tal trascendencia que son decenas de personas, comercios y empresas que se sumaron para darle forma a este trabajo.
“Es notable cómo se fueron sumando voluntades. Tuve un episodio muy gracioso con el fletero con el que llevamos las chapas para el techo. En el camino, le iba contando de qué se trataba y tras descargar todo, cuando estaba por pagarle su servicio, me dijo que no lo cobraría porque también quería sumar su corazón solidario a esta causa”, cuenta este personaje anónimo que, al igual que el resto de los que participan de esta obra, prefieren que sus nombres no sean los que sobresalgan, sino el corazón alineado con Dios, el cual los llevó a hacer semejante tarea.
También se puede enumerar decenas de anécdotas como la del electricista que ocupó gran parte de su día pidiendo presupuesto a sus proveedores para lograr los materiales para la instalación eléctrica de la casa y se encargó él mismo de costearlo. Ni hablar de quienes, también en forma anónima, aportaron dinero en efectivo para otros gastos. “Cuando Dios hace las cosas, las hace completas. No dejamos de asombrarnos de cómo están sucediendo las cosas, pero sí sabemos de la mano de quién vienen”, suelen decir estos muchachos que semana a semana van felices a cumplimentar la obra a la que, afirman, fueron llamados por Dios mismo a realizarla, pensando en el bien del otro. Y cuando se les pregunta qué los motiva a hacer esto, la respuesta es sencilla. “Creemos que no sólo debemos creerle a Dios, si no vivirlo. Y para nosotros ésta es la manera de hacerlo. Porque él dijo que cuando haya alguien con necesidad y lo ayudemos, es a él mismo a quien estamos ayudando”.
Aun hay cosas para completar en la casa de Luca, por lo cual se puede ingresar a una fanpage que fue creada para contar en detalle y mostrar fotos de lo que se está haciendo. A quien quiera sumarse, puede ingresar a la fanpage Proyecto la casa de Luca, en facebook.