Por Alejandro Bedrossian

Estaba triste. Se había propuesto ganar un millón de pesos y al cabo de unos años casi había alcanzado la cifra, pero le faltaban seis pesos para llegar, y cada vez que estaba por conseguirlos, algún pequeño gasto volvía a restar esa pequeña cantidad. En cambio, la señora que le limpiaba la casa estaba feliz. Se había encontrado seis pesos caídos en la vereda. Era mucho para ella, porque con eso se ahorraba un colectivo. Y el tipo la miraba desconcertado, porque ella tenía lo que él no había podido alcanzar.