Por Gustavo Romero

Llegan estas fechas y la pregunta es inevitable. Alguien, casi siempre una abuela, va a tener el coraje de lanzar la primera piedra y desatar un sinfín de negociaciones, cuyas consecuencias repercutirán todo el año que está por comenzar: ¿Con quién van a pasar las fiestas?
No es una pregunta de sencilla resolución ya que nuestra sociedad moderna está compuesta por diferentes matices.
Los que llevan el primer golpe son sin duda los recién casados. Inexpertos en el arte de tomar decisiones en pos de la pareja, pretenden solucionar un problema ancestral yendo “primero a mi casa y después a la tuya. Y en año nuevo hacemos al revés”.
Otro clásico son las familias que están peleadas. Durante el año no sólo no hubo un llamado telefónico sino que ni siquiera estaban enterados si estaban vivos o se habían mudado pero se enfrentan a la decisión de reunirse como autómatas en Navidad o Año Nuevo con la sidra y el pan dulce por medio. Eso sí, casi sin hablarse.
Infaltables son las familias que tienen a dos miembros que están peleados. Que no se hablan. Y casi siempre es por dinero. Esa cena no solo se vivirá con extrema tensión sino que todos estarán a la expectativa de cuándo será el momento en que todo explote. Y no sean necesariamente los petardos.
Producto de múltiples factores son el incremento de familias ensambladas. Yo me permito llamarlas “reconstituidas”, ya que el término ensambladas me suena muy mecánico sin embargo “reconstituidas” creo que les da un tono más esperanzador. Estas familias tienen la particularidad que los niños suelen ser rehenes de dos partes que, al vivir en diferentes lugares, se los disputan y para peor, de ponerles la responsabilidad a tan corta edad de tener que tomar la decisión si quieren pasarla primero Navidad con mamá y su pareja y después Año Nuevo con papá y su pareja y viceversa.
Ejemplos más, ejemplos menos, en algún momento nos enfrentaremos esta pregunta. Ahora ¿cómo salir airoso cuando llegue ese momento? ¿Qué cosas debemos tener en cuenta?

Quiero compartirte algunas ideas:
1- La Noche Buena y la Navidad son festividades religiosas.
Las palabras más usadas en estas fechas son Paz y Amor, por lo que podemos asociarla con la reunión familiar. Sería bueno recobrar el verdadero sentido de la Navidad. Recordarnos y recordar a la familia que la Navidad no es pan dulce, regalos, árbol y comer a reventar, sino que es el nacimiento de Aquél que vino al mundo a morir por nuestros pecados. Aprovechemos la Navidad para la reconciliación y el fortalecimiento de las relaciones familiares. (“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”.- 2° Corintios 5:20).

2- Por otra parte el Año Nuevo podemos pasarla con amistades.
Año Nuevo marca una etapa que termina y otra que comienza por lo que es una buen momento para renovar la amistad y fortalecer vínculos con aquellos que teníamos un tanto descuidados. (“…las cosas viejas pasaron; he aquí, son hechas nuevas”. 2° Corintios 5:17).

3- Tengamos en cuenta esto: Nunca podremos complacer a todos.
Es probable que alguien esté disconforme con la decisión que tomemos. Sin embargo, debemos ser sabios al momento de resolver. En este caso las prioridades pueden ser:
a- Los adultos mayores. A ellos les cuesta moverse y les hace bien ver a la familia reunida.
b- A los niños: deben disfrutar a sus abuelos y tienen que estar con sus padres y hermanos.
c- En caso de padres separados una fiesta con cada uno sería lo ideal. Pero evitando:
– Las críticas hacia el cónyugue.
– Las comparaciones (Yo te regalo mejores cosas, conmigo la pasás mejor, etc.)
– Que se sienta rehén o trofeo.
– No usar los regalos como demostración de poder o competencia.

4- Todas las decisiones tomarlas con mutuo acuerdo.
Debemos acostumbrarnos, frente a cualquier decisión, que primero hay que conversar y tener un acuerdo en la pareja. Luego, lo decidido se lo comunicamos a los niños. La familia no es una democracia donde entre todos decidimos. Los padres debemos recuperar el rol de padres al tomar las riendas del rumbo familiar y sus consecuencias.

5- Muchos padres optan por la salomónica idea de pasarla en la costa o en alguna quinta.
Si bien esto parece un tanto “divisionista”, por el contrario, suele tener efectos positivos. Este momento a solas con la familia nuclear (mamá, papá y los hijos) puede ser capitalizado para fortalecer vínculos, conversar, reencontrarse, demostrarse cariño, establecer nuevas tradiciones, revalorizar la familia, recuperar tiempo perdido, etc.

Al armar el pesebre contémosle a los presentes la historia del origen de la Navidad. Establezcamos a Jesús como centro. Que nuestros hijos conozcan de nuestra boca que Jesús vino a la tierra a morir por toda la humanidad.

Lo maravilloso es que en Pascuas tendremos la posibilidad de hacer lo mismo recordándoles que murió y resucitó. Ahora bien, sea con quien fuere, estemos de acuerdo o no con quien vamos a pasar las fiestas, no nos olvidemos que somos embajadores del Rey. Somos sus representantes en la tierra. Evangelizar es nuestra forma de comportarnos en todo momento. En definitiva, no importa tanto con quién vas a pasar las fiestas, mientras Jesús esté presente como centro de tu vida y lo compartas.