Formar parte de una entidad que hace bien a la gente es algo que llena el alma. Porque se sabe que esa persona que es ayudada jamás va a devolver el favor, y allí es cuando se pone de manifiesto esa cualidad del hombre de bien, que busca que el prójimo la pase mejor, y sin esperar nada a cambio, termina siendo beneficiado, nada menos, que con la aprobación de Dios. “Ni una persona en la calle” es una de esas agrupaciones barriales compuesta por gente que se sintió movida a hacer el bien a personas en situación de calle.

Pablo Gualtieri, un cristiano comprometido con la obra de Dios, trascendió la frontera de su iglesia local para formar parte de este movimiento vecinal que, en el barrio porteño del Once, semanalmente sale a la calle a repartir comida, abrigo –en tiempos invernales- y generar un espacio de contención a gente que, por diversas circunstancias de la vida, perdió su hogar.
“Ni una persona más en la calle comenzó hace casi 5 años y funciona 3 veces por semana: martes, jueves y viernes”, cuenta Gualtieri. “Recorremos por las noches los barrios de Parque Patricios, San Cristóbal, Once y Constitución en la Ciudad de Buenos Aires, buscando a personas en situación de calle a quienes acercamos alimento, ropa y elementos de higiene personal. Esta tarea es una excusa para poder acercarnos a ellos y conocerlos, escucharlos, contenerlos desde lo emocional, lo humano y muchas veces desde lo espiritual. Tratamos con personas que fueron olvidadas por sus familias y sufren el abandono y la indiferencia de la sociedad en general. Están fuera del sistema, son ‘los invisibles’. Así que, a través de pequeños gestos, pasar saludarlos, festejarles los cumpleaños, escucharlos cuando lo necesitan, etc., buscamos fogonearles la esperanza, transmitirles la idea de que no todo está perdido, de que se puede salir, de que siguen siendo dignos de ser amados. Mi involucramiento en esta tarea pasó por la necesidad de traducir en hechos concretos la fe que profeso. De llevar a la práctica con los más necesitados las enseñanzas de Jesús acerca del amor y del dar. Ya no podía sencillamente conocer las enseñanzas de la Biblia de forma teórica, asentir intelectualmente con los puntos de vistas cristianos sobre la realidad del mundo y participar solo de una rutina eclesiástica; tenía que hacer algo más. Ponerle el cuerpo a mi fe”, concluye enfáticamente en su pensamiento Pablo.

La influencia de Gualtieri entre sus vecinos se hace sentir a cada paso. El valor agregado que tiene de ser cristiano, le pone otra cuota de sentido a la tarea que viene realizando cada noche de viernes.
“Desde muchos aspectos la tarea que realizamos es muy desafiante. Te encontrás con realidades que te golpean, te involucrás emocionalmente con personas en situaciones de vida muy críticas; eso a veces es muy difícil de sobrellevar para todos los que participamos en la tarea, y tratamos de contenernos mutuamente para poder continuar con ella. Muchas veces somos los propios voluntarios los que necesitamos ser abrazados. En ese punto trato de que mi fe en Cristo me fortalezca y, a través de ella, poder ayudar a mis compañeros. Trasmitirles ánimo, fuerza, optimismo. Escucharlos sin juzgar. Si bien el grupo no pertenece a ninguna organización ni política, ni religiosa y está integrado por personas de diferentes trasfondos (hay ateos, católicos, evangélicos, budistas, agnósticos, socialistas, de derecha, etc.) por lo que no está permitido hacer proselitismo de ningún tipo (solo nos centramos en “ayudar”). Siempre que he podido, con mucho respeto y pertinentemente, he hablado del amor de Dios a la gente. A algunos de mis compañeros incluso he invitado a la iglesia. Pero siempre trato de que mi fe se pueda ver más por mis hechos que por mis palabras. Mis compañeros me conocen, saben de mi militancia cristiana y, aunque no todos la comparten, la respetan. Una vez una de mis compañeras me dijo ‘sos mi evangélico favorito’, lo que más allá de causarme mucha gracia, me alegró mucho. Sentí que estaba contribuyendo un poco a cambiar la imagen negativa que tiene gran parte de la sociedad sobre nosotros”.

El trabajo de “Ni una persona en la calle” puede verse cada noche de martes, jueves y viernes en las inmediaciones del barrio de San Cristóbal. Para quienes deseen sumarse a esta iniciativa o colaborar, pueden hacerlo sumándose a su espacio de Facebook https://www.facebook.com/niunapersonamasenlacalle
“Creo que como cristianos estamos llamados a salir del ámbito de las cuatro paredes eclesiásticas. Sé que es necesario ese espacio, porque en él crecemos, somos ministrados, sanados, fortalecidos y transformados, pero muchas veces nos pasamos la vida metidos en lo que parece un circuito cerrado: casa-célula-culto-evento cristiano-amigos cristianos y entonces el tesoro y la riqueza de la obra de Dios pasa desapercibida para el mundo. El amor y el poder de Dios no se encuentran contenidos en un templo, en una doctrina teológica o una denominación. Nosotros, ungidos con su Espíritu, somos Su mensaje al mundo. Ese mensaje no se transmite sencillamente hablando, o posteando opiniones o versículos en las redes sociales desde la comodidad de nuestro hogar. Debemos amar a la gente, tal como las hallamos, y relacionarnos con ellas desde un aspecto práctico y profundo, movidos siempre por la misericordia y la verdad”.