Por Damián Sileo

Dicen sus amigos que duerme más en aviones que en su propia cama. Tal vez sea uno de los conferencistas más solicitados en América Latina. Sin embargo, su bajo perfil hace disimular a este trotamundos de la psicología adolescente.
En esta entrevista exclusiva para Perfil Cristiano, Adrián Intrieri se pone en la cornisa y habla de la problemática adolescente y de la iglesia que no sabe cómo lidiar con el adolescente de hoy. También habló sobre la psicología en la iglesia y el costo de pensar diferente en el ámbito eclesiástico.

Adrián Intrieri reparte su tiempo entre sus conferencias, sus libros y su familia. ¿Cómo lo hace?
“Siempre fui hiperactivo y muy soñador”, dice en el inicio de su alocución. “No podía estar sin hacer nada y aunque no soy bueno como organizador y administrador siempre me propuse hacer muchas cosas a la vez. Por ejemplo, en este tiempo estoy viajando mucho compartiendo mi último libro ‘Mentes Peligrosas’, pero que también se superpone con el libro anterior, ‘Antibullying’. Llevo adelante varios proyectos en colegios secundarios, pero también capacito corporaciones y empresas, enseño en varios institutos bíblicos, doy capacitaciones en universidades que no son cristianas, tengo mi propio consultorio psicoanalítico y estoy escribiendo dos próximos libros: ‘Fe patológica’ y ‘Los Supratecnológicos’. Aparte, hace un año y medio que estamos pastoreando una comunidad de fe y amigos llamada Core. A eso sumale lavar, planchar, hacer la comida, llevar a mis hijos al colegio, etc…”. A esta altura, no sabemos en qué momento descansa este trotamundos que, con esta introducción, no hace más que llenarnos de curiosidad sobre lo que se viene.
“Sostengo que lo mejor para aquellos que viajamos es hacer esas cosas. Imaginate que llego de hablar a 1500 adolescentes y me pongo a barrer en mi casa. Es muy necesario hacerlo así”, sostiene. “Por el otro lado, pienso que el viajar dando conferencias está demasiado sobrevalorado. No es tan importante. Conozco a varios que se les nota a varios kilómetros que escribieron un libro para poder recibir invitaciones y viajar, como si eso fuese haber llegado a la cima. Mi mejor espacio de servicio es el pastoral en mi iglesia local”.

A esta altura, más de uno debe estar envidiando la vida de Adrián, pero el escritor afirma que “viajar no es fácil. Desde afuera suele parecer un privilegio y, aunque siempre sostengo que servir es un privilegio, requiere mucho sacrificio. Lo paga la familia y tu cuerpo. Pero creo que para ser vivido como salud, debe es un ministerio de toda la familia.”

Intrieri no la toca de oído. Escribió libros sobre problemáticas adolescentes y aun para el liderazgo de este segmento tan particular. Pero antes, quemó pestañas estudiando y codeándose con un sinnúmero de situaciones que lo llevaron a tener su teoría y práctica en el campo de la psicología adolescente.

“Todavía sigo estudiando y leyendo. Creo que la capacitación es un estilo de vida. En mi caso en particular no soy de los que les gusta mucho repetir a otros. Hay algunos que escriben un libro poniendo su autoría después de haber leído 5 libros y es como un resumen. Si, bien es también un aporte, en mi caso prefiero crear mis propios conceptos y por eso me cuesta mucho escribir. Mis libros o los contenidos de las capacitaciones son el resultado de mi impaciencia, de mi búsqueda y de mi propia discusión interna. Soy muy crítico y suelo estar constantemente incómodo con lo que hago. Ese es un camino trabajoso pero muy gratificante. Lo recomiendo.

En una oportunidad se acercó un joven y me preguntó cómo podía publicar un libro. Mi primera pregunta fue: ‘¿y de qué deseas escribir?’ Este joven se me quedó mirando como preguntándose ‘¿y eso qué importa? Y me respondió: no sé, algo para jóvenes. Inmediatamente me di cuenta que no tenía contenido. Los capacitadores que se vuelven herramientas efectivas para el Reino son aquellos que tienen algo novedoso que decir. Son los que traen pensamientos y los que discuten paradigmas. Mi consejo es, universidad 5 a 6 años, posgrado 3 a 5 años, práctica 2 a 4 años, investigación 2 a 4 años y entre 15 y 20 años serás especialista en solo un tema. Si estás dispuesto a invertir tu vida en algo podrás ser relevante en solo un área. Solo ahí podrás capacitar con autoridad”.

Las tajantes definiciones de Intrieri respecto a la constante capacitación que debe tener el cristiano no se detiene ahí. Ahora apunta puertas adentro: “Otro tema es que, hay mucha autoridad dentro de la iglesia pero totalmente irrelevante fuera de la iglesia. Deberíamos cuidar a quiénes invitamos a nuestros congresos, porque si es un excelente orador dentro de la pecera pero sus contenidos jamás podría compartirlos en un ámbito académico o secular, estamos dando alimento débil al pueblo. Conozco muchos que viajan capacitando pero pasarían vergüenza en un foro académico.
El verdadero capacitador cristiano es el que podría enseñar en una célula o en la universidad y en ambos lugares tener autoridad sobre lo que enseña. Para eso hay que estudiar y ser lo mejor que podamos ser.”

¿Creés que la iglesia toma muy a la liviana el tratamiento de personas con problemas psicológicos? Es decir, ¿lo arreglamos todo con una oración?
“Creo que a cierto grupo evangélico todo lo relacionado con la salud mental les causa pánico y pavor. Es como lo más desconocido y descontrolado del ser. Podemos hacerle frente a una enfermedad pero no a un pensamiento obsesivo que nos domine o a la depresión o una fobia. Y en nuestra teología superpoderosa y omnipotente preferimos menoscabar y negar la realidad de las necesidades psíquicas antes que buscar ayuda profesional.
Por otro lado, te imaginarás que la mayoría de mis predicaciones tienen un tinte psicológico, filosófico o hasta psicoanalítico y esto me acarrea muchas críticas. Que mis mensajes son humanistas (y suelen decírmelo personas que nunca hay leído a tres autores humanistas directamente, ja) y que son muy psicológicos, a lo que respondo que es un terrible error conceptual llamar a una predicación con contenidos psicológico como predicación psicológica, porque todo fue creado por Dios, por ende el funcionamiento de nuestra psiquis y nuestras conductas, nuestra personalidad y nuestro temperamento, todo fue creado por Dios por consiguiente no deberíamos darle a la psicología lo que no le pertenece. Si Dios nos creó y lo hizo de la manera que hemos estudiado y descubierto, no le pertenece a la psicología sino a la teología explicar cómo funciona nuestra mente y nuestras conductas. Cuando yo predico con contenidos psicológicos estoy predicando teología porque fue Dios quien nos creó con esos funcionamientos.”

Desarrollaste tu carrera profesional durante dos generaciones. ¿Qué diferencias sustanciales y consecuentes problemáticas, encontrás entre el adolescente de los ’90 con el del Siglo XXI?
“Estoy tratando de escribirlo, y ya lo estoy enseñando en algunos lugares a lo que yo llamo Supratecnología, que sostengo será el gran desafío próximo de la iglesia. Y es pensar en la tecnología no como el conjunto de productos tecnológicos sino como un organizador social. Es que la tecnología se ha convertido en una herramienta que genera cultura. Y por consiguiente se viene una generación extremadamente volátil, frágil y con características especiales debido a la tecnología. Lo vivo en el consultorio, de donde estoy haciendo mi investigación de campo sobre este tema y lo veo en la iglesia muy claramente también. Solo que los líderes cristianos todavía no lo tenemos como prioridad. No lo vemos con claridad. Es como abrir un archivo de Excel con Word, ¡es imposible! Así también aún no vemos lo que vamos a tener que enfrentar en los próximos años. Y en eso estoy, investigando y analizando sobre este tema.”

¿De qué se trata tu nuevo libro?
“Acabo de publicar con una nueva casa editorial llamada Kate & Cumen de los Estados Unidos, mi octavo libro que titulé ‘Mentes Peligrosas, pensar como pensó Jesús’ y es un libro que me está dando mucha satisfacción porque creo que apareció en un momento estratégico de la iglesia. Hoy existen muchos hermanos que se están haciendo preguntas sobre por qué hacemos lo que hacemos, por qué nos comportamos como nos comportamos y están en la búsqueda de una reforma y una renovación del concepto de iglesia. Y esta discusión está en ‘Mentes Peligrosas’. Por eso creo que está teniendo tanta buena aceptación y tanto rechazo también. Es en este libro que desarrollé el concepto de ‘iglesiar’. Nosotros no vamos a la iglesia, somos la iglesia pero aún más no cualquiera es iglesia sino aquellos que siendo, hacen iglesia, no institucionalmente como si fuera una larga lista de requisitos sino como lo pensó Jesús. Entonces nosotros no debemos decir que vamos a la iglesia sino que ‘iglesiamos’ porque el énfasis está en no solo lo que decimos que somos, sino en cómo nos comportamos. Esto está desarrollado en ‘Mentes Peligrosas’, te imaginás que es un libro peligroso, jajajaja”.