Velez le ganó 2 a 1 a Peñarol en el estadio José Amalfitani, pero quedó eliminado de la Copa Libertadores de América ya que en el partido de ida, en Uruguay, había caído por 1 a 0. Así, el equipo uruguayo se medirá en la final con el Santos de Brasil, que ayer dejó afuera a Cerro Porteño de Paraguay.
El enfrentamiento de anoche, dejó en claro, que no siempre el que persevera triunfa, ni el que busca encuentra. El conjunto de Ricardo Gareca hizo todo lo que había que hacer para pasar a la final, pero la suerte no estuvo de su lado. Dos jugadores importantes como Fabián Cubero y Maximiliano Moralez debieron salir por sendas lesiones, el defensor sólo jugó 13 minutos y el enganche se retiró en el segundo tiempo. La mala fortuna sumó también la expulsión de Fernando Ortiz en el complemento y un gol mal anulado – por una presunta posición adelantada – a Juan Manuel Martínez en la primera etapa. El hecho más fatídico llegó a falta de 15 minutos del pitazo final: el delantero uruguayo Santiago Silva – ex Nacional, archirrival de Peñarol – desperdició la oportunidad más concreta de llegar a la última instancia de la copa. Producto de un resbalón, no consiguió transformar en gol, el penal que le hubiera dado la clasificación al equipo de Liniers. Un infortunio, otro más de los tantos.
Peñarol dio el primer golpe, justo cuando Velez le estaba encontrando la vuelta. La pierna izquierda de Silva casi pone el 1 a 0 con una volea dentro del área. Pero hasta ahí, le había costado mucho. Manejaba bien la pelota el equipo local, sin embargo la perdía en tres cuartos de cancha y los uruguayos salían bien de contra. En una de esas, Aleajandro Martinuccio, la recibió luego de una pifia de Ortiz, se sacó de encima a Sebastián Domínguez y le dijo “toma y hacelo” a Matías Meir, quien definió de zurda ante la salida de Marcelo Barovero. Ya había avisado, a los 2 minutos el buen Martinuccio, cuando el 1 de Vélez tapó un mano a mano sensacional. Pudo aumentar el Carbonero, 2 minutos después del gol, con un cabezazo de Juan Olivera, pero no fue.
El que si fue, fue el local. Mejoraron Maximiliano Moralez, Martínez y Augusto Fernández fue clave desde la derecha. Y ahí si, hubo un sólo protagonista que lo dio vuelta en el segundo tiempo con un golazo de Silva: centro de Augusto, el Burrito Martínez se la entregó de pecho, y con su pierna izquierda, el uruguayo la puso contra el palo más lejano del arquero Sebastián Sosa, quien dio muchos rebotes a lo largo del encuentro. Justamente así, había llegado el empate en la última jugada de la primera parte: Fernando Tobio se la llevó puesta, luego de un rebote del 1 oriental.
Pudo haberlo definido antes Peñarol, en la anterior al 2 a 1. Gran jugada de la figura del equipo, Martinuccio, que habilitó a Olivera. El delantero, con Barovero vencido, la mandó arriba.
No pudo Vélez, por más que prosperó, por más que buscó, por más que no dio una por perdida, como cuando Martínez la robó en el área y le hicieron el penal. Ese maldito penal, que devino en resbalón y caída. Fue una noche de brujas. A la que le faltó suerte nada más. Ni nada menos, claro. Sin suerte, no hay ningún campeón.
















