Por Ulises Oyarzún (*)

El Evangelio significa “Buena noticia” y en la vida de Jesús lo fue, sobre todo para la gente que era considerada pecadora por diferentes motivos más sociales que religiosos. Pero no fue tan buena noticia para otros. 

Para los Saduceos que tenían el negocio del Templo, no fue una buena noticia el Evangelio de la gratuidad, pues ellos amasaban grandes riquezas con el dinero que reunían del santuario, ya que hacían de la Fe un negocio.

Para algunos Escribas tampoco el Evangelio fue una buena noticia, pues Ellos con sus años de estudio teológico consideraban que

tenían la última palabra en relación a Dios, pero se encontraron con un carpintero que predicaba sobre un Dios que se había revelado a los humildes iletrados.

Para Herodes tampoco fue una buena noticia, pues su hambre desmedida por el poder no le permitía contendores, ni aun divinos. 

Y por supuesto, para los Fariseos tampoco fue una buena noticia, pues ellos eran respetados por el pueblo y considerados como buenas personas, más el Evangelio los desnudó y les mostró a todos que debajo de todo ese ropaje de bondad religiosa se encontraba la maldad más terrible, aquella que en nombre de Dios se dedicaban a zanjar líneas divisorias dejando del otro lado a todas las personas que no pensaban ni vivían como ellos marginando las y discriminándolas motivados por el eslogan ESTOS SON PECADORES MERECEN EL JUICIO DE DIOS PERO NOSOSTROS NO.

Hoy es igual, el evangelio sigue siendo una buena noticia para los marginados por la estructura religiosa, pero para los que hacen dinero con la Fe, con los obsesionados por el poder, para los que se creen que tienen la franquicia de la revelación y para los que discriminan con Biblia en mano, no es tan buena noticia.

(*) Ulises Oyarzún es conferencista y humorista cristiano