Por Lizzie Sotola

El destacado periodista Luis Novaresio suele repetir sobre la necesidad que tenemos quienes ejercemos el periodismo de corroborar las fuentes de información. Es decir, de comprobar que lo que tenemos como información sea veraz y no “carne podrida” como se dice en la jerga.
En la picadora de información que generan las redes sociales, Internet y el “corre, ve y dile” que circula por WhatsApp, muchos se tientan en no verificar la noticia, ni quien la dice. En el oficio de periodista esta es una práctica que no debe ser dejada de lado, porque un error de confirmación nos alejaría de la realidad que queremos comentar, transmitir y desenredar. Tenía un jefe que decía: “Come caca. Un millón de moscas no pueden estar equivocadas”. Sin embargo, todos sabemos que no es saludable seguir la costumbre de las moscas. Pero para muchos, con tal de “pertenecer”, comer caca empieza a ser aceptable. Que todo el mundo piense algo, o haga algo, o diga algo, no quiere decir que esté bien, sólo quiere decir que es popular.
Las mayorías no tienen razón sólo por ser mayorías. Tienen razón si repiten la información veraz, verificada y verdadera. Para ello no alcanza con estar publicada en una página de dudosa procedencia. Tampoco es suficiente que lo haya dicho alguien con cierta reputación. El periodista, por naturaleza, duda. Duda de todo y de todos. Pregunta. Investiga. Saca sus conclusiones y las confronta, las refuta y las vuelve a construir y recién cuando está seguro las pone a la luz de la comunidad. Pero corremos tras lo efímero, tras dar la “primicia”, el yo llegué primero pareciera valer más que la veracidad de la información.
Está claro que no es lo mismo que se sospeche de Gendarmería Nacional por la desaparición de Santiago Maldonado (por citar un caso real y actual), que se sospeche de la familia Maldonado que pudo haber inventado hasta la existencia del propio Santiago. Lo que cito pasó, hay quienes dicen que Santiago no existe. Y acá no pretendo hablar del caso en cuestión, ni de política, ni de posturas. Sino de información que se pueda comprobar. ¡Qué menudo trabajo tienen ya los jueces y fiscales en desenmarañar los hechos sobre la desaparición de un ciudadano! Asegurar cualquier postura es no haber corroborado la información. El periodista que se digne de ser tal debe preguntar dónde está Santiago Maldonado a la Justicia, a los implicados (Gendarmería y Mapuches), a las autoridades del caso y seguir preguntando hasta que se esclarezcan los acontecimientos. No es el periodista sino los hechos comprobados los que hablan de una información veraz.
En tiempos donde la libertad de expresión se confunde con libertinaje, donde cualquiera puede publicar cualquier cosa con el más alto descaro de hacerlo porque le place, o porque piensa que su pensamiento es la verdad. O también los que lo hacen aún sabiendo que publican algo que no es real pero sólo generan confusión. En estos tiempos, pareciera que todo vale y todo se puede decir. Sin embargo, más que nunca el buen oficio debe prevalecer sobre las humoradas, rumores y difamaciones.
Hace unos días una amiga publicó una foto de un conductor de UBER que supuestamente quiso pasear a una mujer. Mirando sólo la información de la imagen encontré varias contradicciones. La mujer decía que el hombre la llevó a cualquier lado, al lugar contrario a donde quería ir, que dieron mil vueltas hasta que se pudo bajar. En la imagen muestra que el viaje duró sólo 0.97 kms. Es decir, menos de diez cuadras. Entonces me pregunté: “¿Y si este escrache viene de un taxista enojado?”… ¿Cómo puedo corroborar la historia?… Me quedé pensando y pensando cuando recordé que al finalizar un viaje la persona puede calificar al chofer y denunciarlo si cometió un fraude, si intentó secuestrarla como aducía la mujer, o si tomó por el camino más largo para llegar a destino. ¿No se habrá dado cuenta? ¿Será real la denuncia?… ¿Qué hago? ¡Nada! Si no lo puedo corroborar no hago nada. No lo comparto. No lo escracho. No difamo. No soy parte de un colectivo que frente a muchos hechos de inseguridad suma uno más del cual no podemos saber si fue real o no.
Lo importante es ser veraces. Mostrar la realidad lo más objetivamente posible. Por supuesto podemos opinar y debemos hacer saber cuándo opinamos y cuándo informamos. A veces tomamos como declaración de verdad una opinión y hacemos una bola de nieve enorme que termina tragándoselo todo a su paso. No se puede parar. Entonces, antes de decir, piensa. Antes de comunicar, corrobora. Siempre, siempre, siempre chequea tu información.