Por María José Amiunes
Un refrán muy antiguo, pero recordado por muchos es: “Desayuna como un rey, almuerza como príncipe, merienda como plebeyo y cena como mendigo”. Esto refleja el equilibrio, la armonía que debe existir en nuestra alimentación cotidiana. Por esta razón es imprescindible que la dieta tenga alimentos muy diversos, representativos de los grupos principales. Y esta recomendación, se aplica al desayuno, que es la principal comida del día, donde obtenemos las calorías y nutrientes necesarios para empezar. Más aún si tenemos en cuenta que nuestro organismo no recibe alimentos desde el día anterior. Estudios acerca de saltear el desayuno encontraron efectos perjudiciales en la cognición de los niños, mientras que estudios acerca de la provisión del desayuno, han mostrado un efecto positivo sobre la memoria, la fluidez verbal y la capacidad de atención.
En la Biblia encontramos puntos claves para organizar nuestro desayuno. David, en el Salmo 5 escribió, “Oh, Señor, por la mañana escucharás mi voz; por la mañana me presentaré ante ti, y esperaré”. Nuevamente el salmista dice, “Pero yo le cantaré a tu poder, y por la mañana alabaré tu amor, porque tú eres mi protector, mi refugio en momentos de angustia”.
David nos enseña que nutrientes espirituales son esenciales para nuestra vida y crecimiento. Comenzar nuestro día con Dios, acercarse a Él con agradecimiento por todo lo que es y hace en nosotros, dirigirnos a Él con una adoración que brote de un corazón sincero y humilde. Tener una búsqueda de amor con el Padre, a través de su palabra y oración. Estos elementos son indispensables para vivir, son nutrientes de calidad y valor para nuestra vida. Sin ellos no lograremos tener la fuerza y energía para todo el día.
Como así también, son necesarios los nutrientes provenientes de los alimentos. El desayuno debe aportar la cuarta parte de las calorías diarias y es una buena ocasión para incluir alimentos que no deben faltar en la dieta. Un desayuno nutricionalmente equilibrado debe incluir:
Lácteos: Son fuente de calcio, de proteínas de alta calidad, vitamina B2, retinol y vitamina D. Previene problemas de salud como osteoporosis, cáncer, entre otras.
Cereales y derivados: Gran aporte en hidratos de carbono completos, vitaminas, minerales y fibra, la cual predomina en el grupo de los integrales brindando protección al corazón, descenso del colesterol malo (LDL), disminución de la glucosa en sangre.
Frutas: Ricas en vitaminas, minerales y fibra. Se recomienda el consumo de las mismas crudas, ya que a través de la cocción se sufren perdidas de nutrientes; y de ser posible con cáscara, ya que encontramos ahí mayor cantidad de fibra, la cual genera más saciedad y es ideal para controlar el apetito.
Agua: Es un nutriente esencial y de primer orden sin valor calórico energético. Cumple funciones de limpieza y desintoxicación, entre otras. Inicia tu día con 1 vaso de agua potable.
La suma de estos, contribuye a tener un desayuno equilibrado, con un balance positivo en nuestra alimentación. Variar diariamente los desayunos, tiene como beneficio, evitar la monotonía y hacer de este tiempo un disfrute.
Te animo a que puedas tener cada comienzo del día de manera especial y preparada. Donde puedas nutrir tu cuerpo y también tu alma y espíritu.