Por Claudio Tomaselli

Ser libres de la esclavitud mental
Para dar rienda suelta a los sueños que Dios pone en nuestro corazón, debo ser libre de la esclavitud mental. Por medio de la fe en Jesús, nuestra vida es libre de todas aquellas cosas que nos mantienen en una cárcel mental y no nos permite soñar. Hasta los animales cambian de comportamiento cuando están en cautiverio. Las orcas cautivas, por ejemplo, son incapaces de mantener su aleta dorsal erguida. Esa es una manifestación de su tristeza y humillación.
Pero hoy vos y yo podemos ser libres de la tristeza, del dolor emocional, de la ira, de la falta de perdón, de la humillación, etc. ¿De qué manera? Disponiéndonos a ser libres por la sangre de Jesús y atreviéndonos a soñar sueños grandes. No te limites en tus sueños.”Yo con una casita me conformo…”; “un autito para mí es suficiente…” ¡No! Desterrá el hablar en diminutivo y, sobre todo, el pensar en pequeño. Cambiá el chip de tus pensamientos y comenzá a imaginar cosas que “ojos humanos no han visto u oídos humanos no han escuchado”. Que tus sueños se extiendan hasta lo inimaginable. Está permitido ser un soñador salvaje. Soñar te mantiene activo y apasionado, activa tu fe y te impulsa a trabajar y a esforzarte.
Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo.
Cuando uno es esclavo de sus emociones o de los vicios, los sueños se convierten en pesadillas. Pero no necesitamos ser esclavos de nada ni de nadie porque fuimos liberados por lo que Jesús hizo en la cruz. ¿Cómo se combate una espadilla? Se combate con un sueño y cuando más grande, mejor. Abraham tenía una pesadilla: no podía tener hijos, él y su esposa eran estériles. Pero recibió un sueño y Dios le dijo que contara las estrellas. Las estrellas representan los hijos que tendría; así como le era imposible contarlas, sería incapaz de contar su descendencia.
Dios hace cosas maravillosas con aquellos que tienen buenos sueños.