Por María José Amiunes (*)

“No empieces una dieta que terminará algún día. Comenzá hábitos que duren para siempre”.

Las dietas siempre tienen un final, y no uno feliz como en los cuentos infantiles. ¿Por qué? Porque las dietas se basan en la restricción de alimentos.
En cambio, la alimentación saludable nos enseña a alimentarnos.
Las dietas se fundamentan en productos light o dietéticos.
La alimentación saludable, en la calidad de lo que comemos.
Las dietas cuentan calorías.
Los hábitos cuentan nutrientes.
No es lo mismo estar flaco que estar saludable. Es importante poder cumplir con las metas que tengamos en cuanto al peso, pero siempre dentro de los parámetros saludables.
Es decir, puedo llegar al “peso ideal” pero sintiéndome débil, cansado, con poca fuerza para entrenar, más propenso a enfermarme.
O puedo llegar al “peso saludable”, teniendo un buen peso, pero también un buen estado de ánimo, con fuerza, buen rendimiento, buena concentración, con defensas altas, etc.
Te animo a que no busques ese peso ideal, sino ese peso saludable, que hace que te veas cómodo/a y te da mejor calidad de vida.
Las dietas, generalmente, al ser restrictivas, eliminan algún grupo de alimentos (como harinas y grasas) y aumentan otros (como proteínas), lo que nos hace perder peso, y a veces también salud. Tu cuerpo necesita todos los grupos de alimentos, sin eliminar ninguno. Lo que sí tenemos que hacer es mejorar las cantidades, combinaciones y frecuencia de consumo.
¡Podemos comer de todo! Mi consejo: elegí la mayor parte del tiempo alimentos de calidad, de buena nutrición; comé más alimentos reales y dejá para esas ocasiones especiales lo no saludable.
Comé Sano, Sumá Vida.