Por Pablo Colombo

Con la llegada de autores como Robert Kiyosaki (“Padre Rico, Padre Pobre”), que escribían sobre finanzas personales y generación de riqueza, se hizo muy común escuchar hablar sobre Deuda Buena y Deuda Mala.
Según este autor, la Deuda Buena colocaba dinero en tu bolsillo (por ejemplo, mediante un préstamo hipotecario comprabas un departamento y lo alquilabas, entonces cubrías con el alquiler la cuota hipotecaria… aunque estabas endeudado, era otro quien pagaba tu deuda) y la Deuda Mala quitaba dinero de tu bolsillo (pagar menos del total del a tarjeta de crédito, por ejemplo).
En la Biblia, se habla muchas veces de deudas. Mi pasaje preferido sobre este tema está en Proverbios 22:7, que dice que “el deudor se hace esclavo del acreedor”. No habla sobre deuda buena o mala, no la caracteriza así; sencillamente nos dice que a las deudas hay que pagarlas y que procuremos no deberle nada a nadie.
Podemos pensar entonces en nuestras deudas, y ver a quien le debemos dinero. Eso nos podría mostrar de dónde venimos y a donde llegaremos.

Veamos…
Si analizo mis deudas y veo que casi todas ellas son deudas de consumo (tarjetas de crédito impagas, cuotas de compras en supermercados, cuotas pendientes de electrodomésticos, préstamos personales), es muy probable que tenga un problema de disciplina en mi uso diario del dinero disponible (y por ende, un mal uso del dinero no disponible, las deudas) y que esto me lleve a generar cada mes una deuda de consumo total más grande que el mes anterior.
Si analizo mis deudas y veo que mi gran cuota mensual es de un préstamo hipotecario que corresponde con la casa en la que vivo, aunque es cierto que estoy endeudado y debo pagarlo yo, tengo un bien que respalda dicha deuda, mi propia casa, que como mínimo mantendrá el valor de la inversión y en caso de ser necesario, se podrá revender. Diría que por este camino llegaré, en varios años a ser dueño de mi propia casa libre de deudas.
Por esto, mirando a quién le debo, podré saber con bastante certeza a dónde llegaré financieramente.
Esto no es para autocondenarnos, sino para accionar y tomar las riendas de nuestras finanzas, hacer un plan realista y pagar las deudas (primero las de consumo).