Por Ulises Oyarzún (*)

Jesús fue, en su contexto, un sujeto no querido, fue considerado mal ciudadano, perseguido por transgredir los convencionalismos religiosos. Jesús fue un predicador clandestino, expulsado de las sinagogas y con órdenes de detención si se acercaba al Templo de Jerusalén.

El evangelio de Lucas, en el capítulo 4, nos muestra una escena muy violenta. Jesús lee en la sinagoga de su pueblo un extracto del profeta Isaías. Luego de leer menciona que la promesa mesiánica que menciona

el libro se cumple en Jesús mismo. La gente asiente… Pero aquí viene el giro dramático; de pronto, como si él leyera la mente de sus vecinos comenta esto:

“…bien, les aseguro que a ningún profeta lo aceptan en su propia tierra. No cabe duda de que en tiempos de Elías, cuando el cielo se cerró por tres años y medio, de manera que hubo una gran hambre en toda la tierra, muchas viudas vivían en Israel. Sin embargo, Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una viuda de Sarepta, en los alrededores de Sidón. Así mismo, había en Israel muchos enfermos de lepra en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue sanado, sino Naamán el sirio.”

Lo que quiso decirles, es que toda religión tiene ciertos principios que le dan sentido a la misma. Uno de ellos, es la exclusividad. Sentirse el grupo especial de Dios, enseñar y afirmar desde sus fundamentos que Dios prefiere a ese grupo antes que a otros.

Jesús les recuerda, con dos ejemplos de personas paganas y que no pertenecían a la nación de Israel, que Dios no tiene preferidos, que su amor se extiende a todas y todos. La gente no soporta este mensaje, por eso llevan a Jesús a un barranco para matarlo. La gente no desea oír esa declaración, prefieren hacer callar al predicador, porque si alguien se para diciéndonos que Dios no tiene preferidos, que Dios no nos mira como exclusivos, eso pone en peligro el fundamento de nuestras estructuras.

Dios no tiene preferidos. Su amor se extiende incluso hacia aquellos que nosotros consideramos que están fuera del lindero de su misericordia…

(*) Ulises Oyarzún es conferencista y humorista chileno.