No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien. Romanos 12:21

En estos días turbulentos de paros, manifestaciones, muchas veces nos encontramos repudiando actitudes de políticos, gobierno, sindicatos, etc. Nos “hierve la sangre” al ver las injusticias que se cometen, al ver delincuentes de guante blanco llevarse dinero impunemente. Vemos a nuestro país en conflicto y perdemos las esperanzas de ver una sociedad próspera.

Muchos se trenzan en discusiones por las redes sociales, y el malhumor se extiende a relaciones familiares, de amistad, etc. Muchas veces nos sentimos tentados a tomar justicia por “mano propia” por la indignación que nos causa la realidad política y social de nuestro país.

Creo que esto pasa, o al menos a mí, por querer solucionar esos problemas nosotros, por estar “seguros” que nuestra opinión es sobre los demás y tenemos la solución exacta.

“Que se vayan todos los políticos…”
“Estos son unos ladrones…”
“El presidente piensa en los ricos nada más…”
“El gobierno anterior se robó medio país…”

No digo que sea cierto o no, pero son cosas que exceden nuestro “poder”. Parece como si los que pudieran resolver los problemas no quieren hacerlo, los que los causaron se lavan las manos y los que queremos que se solucionen, no tenemos la posición para lograrlo.

Pablo, antes de comenzar a hablar sobre el amor, dice en 1 Corintios 13: “Pero yo voy a enseñarles un camino mucho mejor”. Y es así, a la manera de Dios, reemplazando el odio y la bronca por amor.

Hace más de un año, en plena campaña electoral, decidí no destilar bronca hacia los políticos y enviarles un pasaje bíblico por Twitter a todos los involucrados en las elecciones. Lo hice por varias semanas y aunque no vea cambios, yo sé que la palabra de Dios no cae en saco roto. Es “viva y eficaz, y más cortante que espada de dos filos, y penetra hasta lo más hondo…”. En ese momento comprendí que la única manera de lograr cambios es a la manera de Dios. Ni insultando o maldiciendo (algo muy impropio para un hijo de Dios). No criticando en las redes sociales. Tampoco enojándome o peleándome con un amigo o familiar por no opinar como yo.

Es muy difícil no ceder a la bronca e indignación, pero tengo claro que de la única manera en que nuestro país cambiará es por la oración y el amor a los enemigos. La próxima vez que tengamos ganas de insultar a un político, gremialista, etc., esperemos 5 segundos y levantemos una oración por esa persona, pidiendo a Dios que transforme su corazón, que detenga su mano de seguir robando o estafando.

Cuando Dios libró al rey Ezequías de la mano del rey de Siria, Ezequías no tuvo que lanzar una sola flecha. Un Ángel fue enviado por el Señor y derrotó a todo el ejército Sirio. El Rey acudió a donde debía, a Dios, para que lo salvara.

Hay muchos testimonios de que Dios libra a sus hijos de problemas o situaciones que los atormentan, pero el camino es clamar al Señor y descansar en Él.

A partir de hoy, cambiá el insulto por una oración. Dios te va a escuchar y si nos arrepentimos y nos humillamos, también sanará nuestra tierra.

Maximiliano Domínguez