Por Gerardo Vera

 

La consigna fue arrojada en un muro de Facebook y encendió un fascinante intercambio con todo tipo de comentarios. Las dos frases puestas al escarnio público fueron: “El que mucho abarca, poco aprieta” (dicho popular) y “El que mucho abarca, muchas oportunidades tiene” (Lucas Leys).
Aunque en la consigna no fue planteada la necesidad de elegir o argumentar a favor de una o la otra frase, nuestra forma de pensar nos lleva irremediablemente a transformar la consigna en una comparación cercana a la apasionada dicotomía provocada por un Boca o River, tal como dice en otras palabras más académicas, el mismo autor de una de las frases -el Dr. Lucas Leys- quien intervino en la discusión diciendo que:
“El plantearnos que siempre es una cosa o la otra lo heredamos del conservadurismo europeo del siglo pasado que trajeron nuestros bisabuelos del viejo continente (En filosofía se habla de epistemología neoclásica) y éste nos enseñó a enmarcar nuestros pensamientos en que es (que podemos cazar ) una liebre o la otra y no que somos lo suficientemente inteligentes para atrapar 2 al mismo tiempo.
Así fue que se crearon fuertes dicotomías que todavía nos dividen y limitan pensando, por ejemplo, que debemos elegir entre la ciencia o la fe y el trabajo o la familia y no que podemos ser científicos cristianos y ser personas exitosas en la empresa y buenos padres al mismo tiempo”.
Hay mucha tela para cortar con estos metaparámetros mentales y yo creo que Pablo lo anticipó y por eso nos dijo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente.” (Romanos 12:2). Planteado el tema, te propongo que usemos esto como disparador de algunas reflexiones…
La milenaria sabiduría de La Biblia nos dirá que “Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.”
Esto la Biblia lo dice en el contexto de exhortarnos a vivir y disfrutar la vida, sintiéndonos plenos a través de disfrutar la tarea que nos toca, conforme al propósito para el cual fuimos creados: “Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.”
Porque la tarea en que uno debería invertir su tiempo -y por ende su vida- debería ser sólo aquellas obras que “Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”, y así asegurarnos estar en el camino correcto, invirtiendo y gastando nuestra vida en aquello único para lo que Dios nos creó.
Creo entonces que la primera clave del “hacer todo lo que te viniere a la mano” está en lo que sigue en la misma frase de la enseñanza bíblica: “hazlo según tus fuerzas”.
En nuestro sistema cultural -en el que de manera inconsciente pretendemos llevar todo a un tipo de “pensamiento único”- pareciera que “abarcar mucho” fuera una única medida para todas las personas, cuando en realidad partimos de la base de que Dios nos ha hecho a cada uno de forma única, con talentos, dones, recursos, posibilidades de formación académica, experiencias de vida y pasiones únicas, de tal manera que un mismo desafío, para una persona puede ser algo muy simple y para otra algo inalcanzable.
“Según tus fuerzas” implica nuestra particular y única capacidad para hacer algo. Esto significa que algunas personas pueden “abarcar” más que otras, sin que ello implique una baja calidad en sus resultados, puesto que pueden encarar simultáneamente múltiples tareas y desafíos, teniendo la capacidad de darles el tiempo y la atención que cada tarea y/o equipo de trabajo requiere.
Así, algunas personas tienen características que les permiten ser “multitarea” (multi-tasking), características que no tienen que ver con el género sexual al que pertenezcan, pese a que prejuiciosamente se ha generalizado la idea de que solo las mujeres pueden hacer muchas tareas a la vez, en detrimento de los varones, a los cuales se estereotipa como capaces de hacer solo una tarea a la vez.
Por otra parte, creo que la segunda clave tiene que ver con que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”: No son las mismas posibilidades y oportunidades las que se nos presentan a los 20, a los 40, a los 60 o a los 80 años…
¿Mejores oportunidades en la juventud? ¿Peores oportunidades en la vida adulta? Nuevamente necesitamos salir de la forma de pensamiento que nos enfrenta a la necesidad de elegir mejor o peor y cambiarlo por pensar que en cada etapa evolutiva de nuestra vida las oportunidades que se presenten serán simplemente diferentes y adecuadas a nuestro momento vital.
No se tú, pero yo no podría subir al Monte Everest. Sin embargo hay personas que se lanzan a esa aventura, aún teniendo una edad bastante avanzada para el esfuerzo físico que supone tamaña empresa. Sin embargo, sólo el hecho de intentar lograr tal hazaña personal puede representar para la persona que lo intenta, un logro por encima de la mayoría de la humanidad que ni se nos cruza por la cabeza semejante idea.
Tampoco hoy con mis cuarenta y tantos años ascendería hasta la boca del Volcán Copahue, en la Provincia del Neuquén (los tantos que acompañan al cuarenta de mi edad te los dejo a tu criterio…). Sin embargo -sacando de la ecuación el hecho de que un par de años atrás el volcán se activó, llenando de ceniza toda la zona y hoy no es seguro un ascenso- llegar a la cima fue un desafío que fácilmente pude concretar en mi adolescencia.
Creo entonces que las claves del “hacer todo lo que te viniere a la mano” está tanto en la enseñanza bíblica: “hazlo según tus fuerzas”, como en tomar las oportunidades en el tiempo correcto.
Definitivamente -y lo que finalmente importa- es recordar que Dios nos da los recursos personales, talentos, dones espirituales, experiencias de vida, posibilidades de formación académica y pasiones, a la medida de las oportunidades que podemos “abarcar”, y que el éxito de nuestra vida se mide en función de nuestra diligencia en cumplir el propósito para el que Dios nos creó y nos puso en este lugar del mundo y en este tiempo de la historia, tal como Jesús nos transmitió a través de lo que llamamos “la parábola de los talentos”, en que claramente nos enseña que Dios nos da diferente cantidad de “talentos” y que espera resultados en función de la cantidad de talentos que nos da a cada uno:
“Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos. Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado”.