Por Marcelo Mollo (*)

 

En primer lugar y antes de ser recibido a tomatazos y sartenazos quiero aclarar que esto no representa la realidad de todos los cantantes; es un tema más global que incluye compañías y fines no artísticos.

Con la llegada del Auto Tune allá por los años ’90, mucha gente encontró la solución fácil a sus problemas de afinación. A su vez los técnicos de estudio encontramos una herramienta que haga “más presentable” nuestro trabajo y garantizarnos un beneplácito y, quizá, un futuro retorno del artista a nuestros servicios… (CLICK EN READ MORE)

En la parodia de este video -muy gracioso, por cierto-, se ve a un técnico tratando de hacer que las cosas salgan bien, como puliendo un adoquín con una lija y tratando que se parezca a un diamante. Algo así como Murdoch tratando de esquivar el iceberg que tenía delante de su Titanic. Se ve también a una cantante con nula capacidad vocal creyendo que es Withney Houston y un productor artístico… seguramente viendo el billete en puerta.

 

No vamos a criticar ni al técnico, ni a la cantante ni al trabajo del productor, pero creo que el combo de esas tres personas hace que las cosas sean así en la degradación de la calidad en la formación del músico. Los discos suenan más lindos pero los artistas no prevalecen. Más de una vez hemos visto en Youtube videos de algunos cantantes “hijos de…” (si digo su nombre voy preso), al que le grabaron la voz directa del micrófono, que era totalmente distinta a la que se oía en el concierto. Era algo increíble ver como un ídolo internacional podía balbucear y desde las butacas oírse como un “Gardel”.

 

Como expresé antes, según mi parecer, el Auto Tune de antaño, hoy Melodine y otros correctores para la voz, son como el Photoshop de las modelos (aunque éstas, más profesionalizadas) pero, lamentablemente, muchos de los que abusan de él prefieren seguir así y no ir al “profe” de canto. Esta realidad es también parte de la ley del menor esfuerzo. Sonará feo, pero no son mis estadísticas si no las internacionales: a partir de los 90 se cortó el “chorro” de agua y solo nacen bandas y cantantes que duran lo que una cañita voladora. Creo que U2 es una de las ultimas bandas que logró perdurar y auto-superarse hasta hace unos años, pero escasean los que se rompen la cabeza para hacer la mejor canción, para cantar o tocar mejor.

 

Muchos de los técnicos hemos grabado con grabadores de 16 canales o 24 en cinta donde o cantabas bien o te abrían una compuerta debajo de tu alfombra y… ¡¡¡adiós!!! Pasaba el siguiente. Luego apareció el Adat o el DA 88 de Tascam (hablo de los grabadores digitales en cinta de SVHS más populares modulares de 8 canales que los sumabas y llegabas a 32 o 40 canales o más si se tenía la superconsola) y éstos nos daban la posibilidad de hacer una edición de 2 o más canales de una voz, por ejemplo, corriendo el offset de otra máquina, pero no podías afinarlas. Luego, ya en los ’90, llega el primer Protools y sus plug-ins eran “la salvación” de los cantantes, los bateristas (ya que se podía reemplazar más fácilmente que los sistemas anteriores de trigger un tambor o bombo) y los técnicos. Todo era posible. Recuerdo haber grabado personas que pronunciaban las notas en cualquier tono en determinados pasajes (ya que no llegaban al registro) confiando que la iba a modificar después y salió bien. Ahora hay muchos softs de afinación y está bueno, pero en lo personal creo que tendemos a apoyar nuestra creatividad en el soft y no en el trabajo con el profe, el trabajo de práctica, el estudio musical, el ensamble o ensayo. Tengo miedo de que caigamos en el “síndrome de Gardel” y me incluyo desde mi lugar de técnico porque cuando a alguien no le sale, le digo “dejá, yo te lo afino”, y no es un pecado desafinar, pero sí lo es no estudiar.

 

Es inevitable rozar a los “mandamás” de las productoras ya que ellos buscan un combo de carilindos, convocantes de multitudes y sin importarles si éstos hacen buena música o mala; eso ya no importa, al parecer. Ya no existen los Badías, y si existen no tienen o no les dan lugar ni les dan los fondos para apostar a este arte precioso. Lo que importa es llenar la carretilla con billetes. Me dio mucha pena oír al “Flaco” Spinetta por las radios luego de fallecido. Antes no lo pasaban ni por error. Mi hija lo descubrió ahí y no en la decena de radios que oye con bandas emergentes y muy promocionadas dignas de un personaje de Capusotto.

 

Volviendo a los cantantes que recién surgen creo que deberían tener buenos profesores. No es una crítica para desintegrarlos si no para que sean mejores, así los pianistas, bateros, violeros, bajistas y sonidistas dedicamos tiempo para tomarlo como algo que los puede poner en una vidriera y ser atractivos. Elijan qué vidriera quieren.

 

(*) Marcelo Mollo es músico argentino y técnico en estudios de grabación