Por Gustavo Bedrossian (*)

 

Un día, podría ser el día de hoy, entrás a Facebook o cualquier red social.

Muchos de tus contactos han expresado su sentir ante este cambio de gobierno en la bendita República Argentina.

Algunos comentarios han sido respetuosos.

Otros han sido agresivos. 

¿Vas a dedicar tiempo valioso de tu vida para ver cómo contrarrestar la violencia del otro con un comentario “picante” y violento? La tentación está, pero no te enganches. Si mordés el anzuelo, más que defender un ideal político, estarás tratando de defender tu posición y tu ego. Quien tomó una posición, no la va a cambiar por tu sagacidad.

Existe lo que denomino pirotecnia facebookiana. Ya de por sí es difícil que dos personas bajen los decibeles cuando han comenzado una disputa en presencia de testigos. El ego se hace presente: ¿Ceder? Nunca, jamás. No quedaré como el tonto y pusilánime que le dio la razón al otro.

La actitud se potencia en el mundo de las redes sociales, donde la cantidad de testigos se multiplica.

Y esta dinámica no se aplica sólo a la política…

Juan podría ser fanático de un determinado equipo de fútbol (en estos tiempos donde hay tanta susceptibilidad, no digamos cuál), simpatizante de algún partido político, una persona comprometida con algún movimiento religioso. En su muro publica algo que implica una defensa de sus gustos, intereses o creencias. Alguien (del otro lado del muro) siente que en ese comentario de Juan hay un ataque a lo que son sus gustos, intereses o creencias.

En algunos casos, el primer mensaje pudo haber incluido un toque irónico o agresivo. En otros casos, simplemente la interpretación del ataque sufrido proviene de individuos predispuestos al debate continuo, que son controladores y muy centrados en sí mismos. Ante el ataque sufrido tienen la compulsión de salir a decir algo que se oponga a lo que el otro ha expresado. Y allí se inicia algo que a veces dura días y días, donde también otros se suman al primer o al segundo bando. Ni qué hablar de los foros donde desde el anonimato hay menos filtros para agredir al enemigo.

Los debates en los foros o en cualquier red social tienen elementos distintivos que hacen más tentador el ingreso en la pelea y más dificultoso el camino de retirada:

No existe el cara a cara que podría funcionar como factor de inhibición.

La posibilidad de la inmediatez en la respuesta.

Los testigos, quienes a los ojos de nuestro ego, podrían estar presenciando que hemos sido derrotados y avergonzados por nuestro oponente. Por lo cual, moriremos con las botas puestas.

No confundamos pasión y compromiso con intolerancia.

Hoy podría ser mi último día de vida. 

Decido vivirlo en paz y no viendo cómo juntar material para destruir al que piensa diferente a mí. 

Dios no me concedió a mí (ni a vos) el Rol de ser el Controlador y el “Mejorador” de los Muros Ajenos.

¡Vivir y dejar vivir!

 

(*) El Dr. Gustavo Bedrossian es psicólogo.

www.psicorecursos.com.ar

 

Twitter: @gusbedrossian