Hace muchos años, leía sobre una comparación acerca de cómo nos abrimos a los demás y lo comparaba a una cebolla con sus pieles o capas.

Cuando vamos conociendo a una persona y la consideramos confiable, le vamos abriendo esas “capas” hacia nuestro interior, hacia nuestros sentimientos.

La gran mayoría de nosotros tiene amigos. Pero no son todos iguales. Aún más en esta era de Redes Sociales, donde tenemos cientos o miles de amigos, pero pocos AMIGOS. Unos apenas “rascan” una o dos “capas de cebolla” de amistad; otros algunas capas más y unos pocos nos conocen completamente.

Esto no está mal, dado que los fuimos conociendo o contactando a lo largo de nuestra vida, algunos personalmente otros de manera virtual, y dependiendo la interacción que tuvimos o tengamos es que son íntimos o no tanto.

Está bueno que podamos ser sinceros con nosotros sobre el tipo de amistad que tenemos con otra persona, para no sentirnos mal si no lo invitamos a una fiesta o cosas similares.

Pero eso no quiere decir que no los consideremos amigos o que no nos una algo… Cuando comenzamos una amistad con alguien, en las redes o en persona, abrimos una especie de “contrato” en el que podemos ofrecer poco o mucho de nuestro tiempo, pero si tenemos claro este concepto, podemos sintonizar mejor nuestras amistades y poder saber qué ofrecemos y que podemos esperar recibir de ellos y evitar desencantos.

A veces esas personas no merecen que les abramos ninguna “capa de cebolla” de nosotros, entonces, también es sano que no esperemos ni generemos falsas sensaciones de amistad que muchas veces dañan la confianza.

La amistad es una hermosa experiencia y para poder acceder a ella, tenemos que estar dispuestos a ser amigos… O como dice la Biblia.. “El hombre que quiere amigos, ha de mostrarse amigo”
Max