Matrimonio Homosexual y Adopción: Declaración del Concejo Pastoral, referente al proyecto de ley

El Concejo Pastoral de las Iglesias Cristianas Evangélicas de la Ciudad de Córdoba,

En referencia al proyecto de ley: “Matrimonio Homosexual y Adopción”,

A los 5 días del mes de Julio de 2010

Al pueblo Cristiano, y a todos los Ciudadanos de la Nación Argentina:

Creemos que Dios es la fuente de toda verdad y la autoridad suprema a quien le debemos obediencia y respeto. Él ha dejado registrada su voluntad en las Sagradas Escrituras (La Biblia), para nuestro bien y el de toda la humanidad.

En consecuencia, declaramos que la familia es la base y fundamento de toda sociedad. Antes que existieran los pueblos, las Naciones, los Estados, y cualquier otra institución humana, existió la familia. Esa familia se inició con un matrimonio, y ese matrimonio estuvo formado por un varón y una mujer. Creemos y afirmamos que esto debe seguir siendo así, por los siguientes motivos:

1) Dios creó el matrimonio, para que fuera constituido entre un hombre y una mujer:

La idea del matrimonio no se le ocurrió a ningún pensador, erudito ni filósofo. Fue una idea de Dios, quien creó el matrimonio como la unión estable entre un hombre y una mujer con la siguiente declaración: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gen 2.24).

2) La única forma de lograr la plenitud en el matrimonio es uniéndose al sexo complementario:

Cuando Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, varón y mujer los creó. Y con esto no discriminó a nadie, ya que todos nacemos con una de estas dos condiciones. Esto lo confirma la genética, la biología, la fisiología y la anatomía de cada varón y mujer. No existe un gen para la homosexualidad, o se es varón o se es mujer. Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo, le haré ayuda idónea para él” (Gen 2:18), y para eso creó a la mujer. Por lo tanto, la plenitud y realización personal, emocional y sexual se logra al unirse el hombre y la mujer, ya que las características de cada uno se complementan y potencian en el marco del matrimonio.

3) El propósito principal del matrimonio es la procreación:

Dios creó al matrimonio para la expresión de amor entre los cónyuges con un propósito principal: “Sean fructíferos y multiplíquense, llenen la tierra y sojúzguenla” (Gen 1.28). Cualquier otro tipo de unión distinta a la de un hombre y una mujer carece de esta condición fundamental. Por otro lado, recordemos que la palabra matrimonio etimológicamente proviene de la raíz latina “matrix” que significa matriz. Esto hace alusión al vientre de la mujer, donde se unen el óvulo de la madre, con el espermatozoide del padre, para gestar el milagro de la vida de un nuevo ser. Solamente la unión entre un hombre y una mujer puede garantizar la procreación de la raza humana.

4) Los hijos necesitan criarse en un hogar estable, con los roles bien definidos:

Los hijos son una gran responsabilidad que Dios deposita en manos de los padres, para que le criemos hijos a Él, y un día daremos cuenta de cómo lo hicimos. Como dicen las Escrituras: “…herencia del Señor son los hijos, cosa de estima el fruto del vientre” (Sal 127:3).

Los hijos necesitan criarse en el ámbito de un hogar donde estén claramente definidos los roles matrimoniales. Esto les permitirá entre otras cosas definir su identidad sexual, para que llegado el tiempo puedan casarse con alguien del sexo complementario, y formar así sus propias familias, engendrando hijos.

Así ha sido durante miles de años, ¿por qué habríamos de cambiar ahora, otorgándole el rango de matrimonio a una relación que no ha probado por ningún medio ser mejor o superadora a la unión entre un hombre y una mujer? ¿Qué consecuencias podría traer esto a nuestra sociedad y a las futuras generaciones? Este tema es tan serio que exige una reflexión profunda como la que estamos realizando, basándonos en la Palabra de Dios.

Por encima del derecho de los padres, está el derecho superior de los hijos. En tal sentido, aquellos niños que por diferentes razones han perdido a sus padres biológicos, tienen derecho a recuperar al menos lo que perdieron: un papá y una mamá.

Por otro lado, la ausencia de uno de los roles en hogares donde uno de los padres está ausente, no justifica de ninguna manera la disfunción de roles promovida por este proyecto de ley que pretende que haya dos papás o dos mamás en un mismo hogar.

5) Las leyes nacionales no pueden modificar la esencia del matrimonio:

El matrimonio es un pacto entre un hombre y una mujer, que es reconocido y legislado por cada nación. En consecuencia, nuestras leyes deben definir los requisitos para que se pueda ejercer el derecho de cada argentino a formar su propia familia. Pero nunca tales leyes deberían modificar la esencia misma del matrimonio, que es heterosexual y monogámico.

Por encima de las leyes nacionales, está la Ley de Dios. Esta ley suprema establecida en las Sagradas Escrituras fue dada por el Creador para nuestro bienestar y el de las futuras generaciones. La historia confirma que cada vez que el hombre pretendió ser más sabio que su Creador, e infringió una de estas Leyes Superiores cosechó las trágicas consecuencias. Aprobar este proyecto, sería ir totalmente en contra de la Ley Suprema de Dios, y dejaría la puerta abierta para la aprobación de otras antiguas prácticas como la poligamia, incesto, zoofilia, pedofilia, necrofilia, entre otras; que ya han demostrado su fracaso en el pasado, provocando el derrumbe moral y la caída de las naciones que las practicaron.

La solución a la problemática de las parejas homosexuales no está en la aprobación de una ley, eso no va a cambiar las cosas. El verdadero y necesario cambio es encontrarse con la persona de Jesucristo, y recibirlo como el Señor y Salvador de la vida. Como dice la Biblia: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). A partir de ese día, descubrimos que Dios tiene un propósito maravilloso para nuestras vidas, y como Concejo de Pastores de la Ciudad de Córdoba, estamos a disposición para ayudarles a hacerlo realidad.

Para finalizar, les pedimos encarecidamente a los senadores que nos representan, que al momento de hacer su votación recurran a Dios, “fuente de toda razón y justicia”; para que su decisión sea la más sabia por el bien de nuestra Nación y de las futuras generaciones.

Dios bendiga a Argentina.

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