Por Gustavo Romero (*)

¿Qué se esconde detrás del llanto de un niño que no quiere entrar a la escuela? ¿Será siempre capricho, “mamitis” o el fruto de alguna experiencia que, como padres, desconocemos?
En esta breve nota, el consultor psicológico Gustavo Romero nos alerta a prestar más atención cuando nuestros hijos se resisten a ingresar a la escuela.

Hoy pasé por la puerta de un colegio (de esos pocos que comienzan las clases una semana antes que la mayoría), y me llamó la atención una nena de aproximadamente 8 años que lloraba. Junto a ella estaba una pareja los cuales evidentemente eran su mamá y su papá (o al menos eso parecía).
La nena repetía constantemente la frase “no quiero ir a la escuela, no quiero ir a la escuela”, mientras la madre, arrodillada frente a ella y secándole las lágrimas, le insistía que todo iba a estar bien, que no iba a ser difícil, que va a tener muchos amiguitos, que tenía que entrar al colegio. Ralenticé mis pasos ya que quería saber cómo continuaría la historia pero tuve que conformarme con más de “no quiero entrar, no quiero ir a la escuela” y el padre rogándole que ingrese para poder ir a trabajar.
Inmediatamente pensé “esa frase va a ser la más escuchada la semana que viene con miles de nenes que no quieran ir al colegio”. Pensé en los tres meses de vacaciones que, cuando yo era chico, era eternos. Pensé en que con estos días espectaculares los nenes estaban jugando en casa y de repente ¡paf!, a levantarse temprano. Pensé que… y ahí me di cuenta. Una cosa es lo que nosotros creemos que al chico le pasa; pero ¿por qué causa real no quiere ir al colegio? ¿Acaso escuchamos sus verdaderos motivos? Como padres ¿somos conscientes de los miedos, las frustraciones y hasta el terror que sufren los chicos con el comienzo de clases? Y ni hablar del estrés que a muchos les causa.
Por un instante pensé en los abusos, tan presentes hoy día. Ya sea abuso por parte de un adulto o por parte de otros alumnos. Abusos no solo físicos sino emocionales. ¿Prestamos atención a los miedos de nuestros hijos o solo suponemos que sufren por haber dejado atrás las vacaciones?
Estemos atentos al “no quiero entrar al colegio”. Puede ser un capricho o una señal de alerta de que algo les está pasando.