Por Edgardo Carrizo (*)

“El hombre contestó: La mujer que tú me diste fue quien me dio del fruto, y yo comí”. (Génesis 3:12)

Parece el título de una película argentina. Pensaba en las actitudes, que como seres humanos, muchas veces tenemos. Actitudes que nos llevan a decir, por ejemplo:

-¡La culpa la tiene ella! ¡Por eso es que soy así!

-Ella dice: Él no valora el esfuerzo que hago. Es más, ¡a mí no me valora!

Escucho a alguien también decir:

-¡Son todos unos hipócritas y desagradecidos! Cuando me necesitaron, allí estuve yo. Y ahora que los necesito, no están. Por eso me va como me va.

Y pudiera escribir muchas frases más, de personas enojadas con los demás. Esto de echar la culpa a los otros no es nuevo. Cuando Dios le preguntó al hombre si había comido del árbol prohibido, Adán acusó a su mujer, Eva. Cuando Eva fue interrogada por Dios, acusó a la serpiente. Y la serpiente… ya no tenía a nadie para acusar.

Reconozcamos nuestros errores. No busquemos culpables. Si nos hemos equivocado, hagamos como el hijo pródigo. Reflexionó y dijo: “Iré a mi padre y le diré: He pecado contra el cielo y contra ti”. Se hizo cargo de su equivocación.

Dicen que en las reuniones de alcohólicos anónimos, el alcohólico debe reconocer que está enfermo. Cuando lo hace, está listo para comenzar con el tratamiento.

(*) Edgardo Carrizo es Comunicador Social