Por María José Amiunes (*)

(Redacción Central, miércoles 21 de junio de 2017).- ¿Alguna vez te preguntaste para qué comemos? ¿Por qué elegimos ciertos alimentos? ¿Por qué rechazamos o preferimos otros?
Bueno, todos sabemos que comemos porque es una necesidad fisiología del cuerpo; porque la alimentación nos da el combustible para funcionar y tener la energía para realizar todas las actividades diarias, o quizás tu respuesta sea “comemos por hambre”.
Pero no es solamente así, comemos por muchos motivos más:
-Comemos por los ojos, porque se ve bueno, porque es comida casera de mamá o la abuela.
-Comemos por amistad, ¡sí claro! Cuando invitamos a un amigo a casa le ofrecemos algo, lo esperamos con una rica cena, o algo para acompañar el mate.
-Comemos según las emociones o estados de ánimo. Cuando en una película romántica, la actriz se separa del protagonista y está en un estado de angustia, ¿qué vemos que hace habitualmente? La vemos frente al televisor… comiendo helado, chocolates, pizza, etc.
Comemos por razones mucho más profundas de las que creemos. Quizás por tristeza, por algún logro obtenido, por aburrimiento, por ansiedad, por placer, por adicción, etc.
Y no es sólo el por qué comemos, sino qué comemos. Hoy en día, vivimos apurados, con el tiempo justo, de forma ansiosa, acelerada y… comemos lo que tenemos a nuestro alcance. Tenés 10 minutos para almorzar en el trabajo, o llegás muy tarde a la noche a casa. Son eventos que hacen que caigamos en comida “rápida” o el delivery.
Pero la buena noticia es que podemos revertir esto. La clave es Orden y Planificación. Veamos qué consejo hay en La Biblia acerca de esto:
“Cuando las cosas se piensan bien, el resultado es provechoso. Cuando se hacen a la carrera, el resultado es desastroso”. Proverbios 21:5 (TLA)
Y aplica a todos los aspectos de nuestra vida.
Escucho muy seguido frases como “quiero cuidarme, pero no tengo tiempo, trabajo todo el día, los chicos, etc”. Y son eventos diarios reales, del día a día, que hacen que vivamos a las corridas y sea un poco más difícil cuidarse. Pero no es imposible.
Estos tips te van a ayudar para comenzar una vida más saludable:
1) Ordenarse: Pequeños ahorros provocan grandes cambios. No quieras de un día para el otro haber cambiado todo; comenza de a poco.
Cambia los lácteos enteros (leche, yogurt, queso, ricota) por lácteos descremados. Reducí el consumo de azúcar, o si te animás, cambiá por azúcar mascaba (libre de químicos) o stevia (endulzante natural sin calorías). Elegí bebidas sin azúcar. Anímate a probar panes integrales.
Pequeños ahorros de grasa, azúcares, sodio y calorías, que como gran cambio te darán más salud y un mejor peso.
2) Planificar: Generalmente cuando uno comienza un plan de alimentación se suele escuchar que hay que tener fuerza de voluntad ¿no? Bueno, si tengo voluntad pero cuando llego a casa no tengo nada sano en la heladera para comer, por más que tenga voluntad no voy a poder elegir bien. Necesitamos planificar nuestra alimentación.
Pequeños cambios: visitá alguna dietética cercana, andá más a la verdulería, y por último el supermercado. Así, cuando llegues a casa, o estés “antojado” de comer algo, lo que tengas en casa será saludable.
No te olvides que la salud es el diseño de Dios para sus hijos. La forma en que vivimos y administramos nuestro cuerpo, es nuestra responsabilidad.
Te animo a vivir en un ambiente de salud cada día, honrando y cuidando nuestro cuerpo, para que sea funcional para cumplir nuestro propósito acá en la tierra.
¿Te gustaría tener más información sobre cómo cuidar tu cuerpo? Entonces te espero en:
Facebook: Nutricionista Maria José Amiunes
www.nutricionamiunes.com.ar

(*) María José Amiunes es nutricionista.
MP 3540