Por el Clr. Gustavo Romero
Todo el año esperamos las vacaciones. Irnos a un lugar lindo, despejarnos, que nuestra mente vuele y olvidarnos de las obligaciones. Pero ¿qué pasa con la paternidad? ¿El ser padres se toma vacaciones? Hay tendencias que se pusieron de moda estos últimos años; una es buscar lugares para vacacionar que tengan actividades infantiles. Esta tendencia tiene defensores y detractores. Mientras unos dicen que es para poder lograr el verdadero objetivo de las vacaciones que es descansar, otros contrariamente opinan que esto separa a las familias.
No podemos dejar pasar el hecho de aquellos que buscan lugares con wifi. ¿Las excusas? Para que el nene no se aburra si llueve. Por otro lado, para mantenerse conectado por si pasa algo en casa o para leer las noticias más tranquilo.
Muchos quizá no vean con buenos ojos estas formas de vacacionar y hasta las reprochen. Sin embargo, no todas las familias que vacacionan “juntas” realmente lo hacen “en familia”.
Según un artículo publicado recientemente en un matutino nacional, la mitad de los padres no pasan tiempo de juego con sus hijos en las vacaciones. El consejo que les proponen, quizá para calmar la conciencia, es que se busquen un amiguito.
Los niños, por naturaleza, son sociables. Entablan lazos de amistad con rapidez ingresando a una dinámica donde pueden pasar mucho tiempo con un niño que no conoce en alguna actividad que los una.
Esta condición quizá sea usada por algunos padres que priman el juego por sobre la necesidad de los niños de estar con sus padres. ¿Los niños necesitan jugar? Si, por supuesto. Sin embargo, más necesitan a sus padres y, si el juego es con ellos, mucho mejor.
Pero ¿por qué es recomendable que los padres jueguen con sus hijos?
– Porque, de manera didáctica, los juegos potencian el desarrollo mental, físico, social, afectivo y emocional de los niños.
– A través de los juegos, nuestros hijos van a ir aprendiendo a sociabilizar, además de incorporar lecciones valiosas de tolerancia, respeto y generosidad. Jugando podemos escenificar historias de la Biblia las que se fijarán en su mente.
– Si es hijo único, el juego con él puede evitar que se convierta en una persona egoísta ya que continuamente habrá que ponerle límites. Por otro lado esto será un desafío a nuestra paciencia, tolerancia y manera de comunicarnos con él.
– Jugar con él fomenta su autoestima.
– Fortalece las relaciones inter familiares.
– Les infunde ¡dónde se sentirá más protegido que con mamá y papá!
– Permite que ejercite su autocontrol emocional.
– Los nenes que muestran afectos positivos en la interacción con sus padres, son valorados como más populares frente a los que muestran emociones negativas.
– Favorece la atención y la concentración del nene.
– Promueve su capacidad de concentración y atención.
– Es el mejor momento para educarlos. Los chicos copian todos nuestros gestos y palabras.
– El juego entre padres e hijos hace a los niños más felices, imaginativos y tolerantes. Los niños que juegan con sus padres tienen también más éxito en la escuela, según los expertos.
– Y sobre todo ¡jugar con nuestros hijos nos devolverá por unos momentos a la niñez donde nosotros también podremos disfrutar!
Sé lo que muchos están pensando. ¿Y de mis vacaciones, qué? ¿Acaso no tengo derecho a descansar? Por supuesto que sí. La Biblia dice en Eclesiastés 3 que “todo tiene su tiempo” y separarnos tiempo para nosotros mismos hasta es un buen ejemplo para nuestros hijos ya que nos recarga de energía y nos da lugar a que podamos meditar sobre muchas cuestiones, entre ellas la paternidad. También genera una oportunidad para ponerles límites al explicarles que necesitamos estar un momento a solas.
Tomarnos tiempo para jugar con nuestros niños les hará sentir importantes porque eso es lo que son, nuestro más importante tesoro.