Ayer estaba dando clases de informática en la escuela a niños de 1er grado. Ellos no se quedan sentados mucho tiempo y especialmente las niñas, van y vienen…

En un momento, vienen 2 o 3 y una me desafió al Ta Te Ti. Luego de insistir, acepté, condescendiente, a enfrentarla.

Y como un caballero, profesor y mayor, la dejé empezar suponiendo que elegiría el centro y tendría que dejarla ganar.

Pero no, eligió una de las esquinas. Entonces dije, “bueno, elegiré el centro así le muestro que tiene que elegirlo cuando tenga la oportunidad”.

Entonces, que una “X” aquí, que una “O” allá, y veo que me va a ganar. Y me ganó 3 seguidos. Con cada derrota me empecé a preocupar. ¿Cómo puede ser? ¡Soy más grande y he jugado cientos de éstos!

Logré ganarle el cuarto y pensé, “bueno, ahora me voy a tener que regular para no ganarle varios”, y el quinto también lo perdí. Ahí el profe pasó a otro tema de la clase…

La anécdota puede ser graciosa y demostrarnos que los niños son muy inteligentes y afrontan los desafíos con una mirada distinta a la nuestra, pero no soy especialista en niños. Entonces me vino a la mente el pasaje de la Biblia que dice: “Si ustedes piensan que están firmes, tengan cuidado de no caer” (1° Corintios 10:12)

Me puse a pensar que yo me había confiado y pensaba que debía regularme para dejarla ganar alguna vez, basado en mi edad, mi experiencia y mi “superioridad” intelectual, pero no fue así.

Y creo que nos pasa en otras áreas en las que tenemos capacitación y experiencia y por eso descartamos la posibilidad de equivocarnos. Cuando Pablo escribía esto a los Corintios, hablaba de que no subestimen la adoración a los ídolos del pueblo de Israel en el pasado y tuvieran cuidado de no caer ellos mismos en ese pecado.

Y si bien a mí me costó unas derrotas al Ta Te Ti, a veces caemos o pecamos antes de darnos cuenta.

Les cuento esto por escrito para que reflexionemos y no seamos creídos o pensemos que ya no nos equivocamos o que el resto no puede superarnos en tal o cual área de nuestra vida.

Seamos humildes, que Dios recompensa eso más que el creernos los mejores.

Max