Por Clr. Leticia Natalia Perez

Nos hemos encontrado en éstos últimos días frente al debate de si corresponde como hijos de Dios participar del juego de POKEMON GO, o si es correcto dejar que nuestros hijos lo tengan en sus celulares.

Para los papas que no están actualizados con las nuevas tecnologías, permítanme informales que: Pokemon Go, es un juego que consiste en caminar por el mundo real en busca de monstruos virtuales que están lo suficientemente cerca como para ser detectados por el usuario. El objetivo es intentar capturar a Pikachu y sus amigos haciendo uso de las pantallas de los celulares.
Fue masiva su activación ya que es gratuito, fácil de bajar la aplicación y no consume dinero del abono del servicio que se tenga activo.

Para muchos, la preocupación es si el juego afecta al niño o adolescente en su ser espiritual, y se han realizado varios comentarios acerca del termino Pikachu, Pokemon, y hasta de la persona de quien los ha creado. No estoy en contra de tal realidad, sino que me parece también importante que podamos pensar como afecta este juego en el ser integral del adolescente.

Las tecnologías de la información y de la comunicación han facilitado a los niños y adolescentes un horizonte de conocimientos y experiencias que son, en general, beneficiosos para su desarrollo personal y social. Sin embargo, hay una preocupación creciente por los riesgos que estas oportunidades traen consigo. Las nuevas tecnologías digitales de entretenimiento parecen haber llevado el concepto de placer a un nuevo nivel y con una eficiencia, disponibilidad y facilidad de acceso nunca vistos antes en nuestra sociedad.

Hemos llegado a un nivel alarmante de abuso en el uso de Internet en sus diversos recursos: redes sociales virtuales, los juegos interactivos, etc. Ya sea, a través de computadoras, de teléfonos celulares o de los videojuegos. Todos ellos pueden crear hábitos específicos de conducta y, en casos extremos, generar alteraciones en el estado de ánimo y en la conciencia, así como facilitar conductas adictivas en aquellas personas predispuestas.

Con la irrupción de las nuevas tecnologías se ha modificado el proceso tradicional en la difusión de la cultura y de la información. Lo que ellas han traído consigo es que la cadena de transmisión del conocimiento se ha invertido, pasando a ser los adolescentes quienes enseñan a los adultos. Hay padres que se han incorporado con éxito a las nuevas tecnologías, pero hay otros que, en función de su mayor edad, menor nivel cultural o incluso de una cierta tecnofobia, se muestran resistentes por desconocimiento o rigidez mental.

Estas tecnologías están llamadas a facilitarnos la vida, pero también pueden complicárnosla. En algunas circunstancias, que afectan sobre todo a adolescentes, Internet y los recursos tecnológicos pueden convertirse en un fin y no en un medio.
En los adolescentes actuales notamos una obsesión enfermiza por adquirir la última novedad tecnológica, las redes sociales se transforman en el instrumento prioritario
de comunicación y de dedicación de tiempo, el ansia por estar a la última o por comunicarse virtualmente puede enmascarar necesidades psicológicas ocultas. El mundo virtual contribuye a crear en ellos una falsa identidad y a distanciarles de los demás, si hay una pérdida de contacto personal, o a distorsionar el mundo real.

Leía esta semana una nota en Internet que comentaba: Al menos una persona ha completado el juego: el usuario ftb_hodor consiguió llenar su Pokédex después de recorrer 153,2 km, atrapar a 4.269 Pokémon e incubar 303 huevos. Terminó el juego en 2 semanas tras cazar un Omanyte y evolucionarlo a Omastar. En total tiene 142 Pokémon diferentes, todos los que están disponibles en USA. Le faltarían 9 para completar la primera generación, pero o no existen aún en el juego o son exclusivos de otras regiones. Él ha invertido más de 50 horas a la semana para llegar al nivel 31 y completar el juego.

Observando este acto obsesivo y compulsivo que despierta al participar del juego fue que pensé en la importancia de hacer prevención sobre uno de los tipos de adicción que generan mas peligro en nuestros niños y adolescentes, y que poco se escucha hablar: adicción a las pantallas.
Se indican con precisión los riesgos de adicción y otras posibles consecuencias negativas asociadas al abuso de los juegos interactivos y las redes sociales, no me refiero solo al acceso libre a contenidos inadecuados, sino a los indicadores que alertan del paso de una afición a una adicción.

Varios profesionales entre ellos psicoanalista, psicoterapeutas y psicopedagogos derriban los argumentos de quienes defienden la practica del juego Pokemon go, ya que algunos sostiene que: “se diferencia de otros juegos electrónicos porque lleva a los chicos a salir a la calle para cazar criaturas, lo que ayuda a realizar ejercicio físico y a sociabilizar”.
Como profesionales somos muchos los que pensamos que hay otras formas de estimular a los niños y adolescentes para que salgan a espacios libres sin involucrar un dispositivo electrónico, mas bien guiado por el juego lúdico, activo, en equipo o con acompañamiento de los padres. Es oportuno aclarar que el ejercicio como el aire libre no debe estar mediado por un muñeco o juego electrónico, y que un juego interactivo no es necesario para incentivar a nuestros hijos a salir a la vida.

Por otro lado, en algunos ámbitos de la salud, pedagógicos y educativos se dice que “este pasatiempo aporta beneficios para la salud mental y genera emociones positivas por la liberación de dopamina, serotonina, noradrenalina y endorfinas. Esto se traduce en una reducción de los síntomas de la ansiedad y la depresión”.
No podemos pensar que las emociones positivas en nuestros hijos deben generarse a través de un dispositivo electrónico, el contacto directo con la vida misma es generadora en cualquier persona de sentimientos y emociones positivas, una persona que transita por la calle sometido y dirigido por un dispositivo es codependiente de ese artefacto, genera además un acto obsesivo – compulsivo, lejos de generar satisfacción y placer comparado con lo que se puede experimentar en contacto directo con el mundo que lo rodea. Además, que la persona queda en estado de alienación de aquello que esta sucediendo a su alrededor, provocando accidentes y aumentando las posibilidades de inseguridad y saqueos de objetos personales por algunos oportunistas que rodean al jugador.

El abuso de la tecnología en la vía pública provoca aislamiento, induce ansiedad, afecta negativamente a la autoestima y le hace perder a la persona su capacidad de control; depende del uso que se haga de ella el que se convierta en algo positivo o en algo perjudicial para el menor.

Entiendo que hablar de adicción en estos casos puede resultar chocante y hasta objeto de controversia. Sin embargo, y por mucho que la adicción a Internet y a las nuevas tecnologías no sea equivalente al grave problema de la adicción a las drogas y al alcohol, parece haber numerosos aspectos en común, teniendo en cuenta que cualquier inclinación desmedida hacia alguna actividad puede desembocar en una adicción, exista o no una sustancia química de por medio.

La adicción es una afición patológica que genera dependencia y resta libertad al ser humano al estrechar su campo de conciencia y restringir la amplitud de sus intereses.

Lo que caracteriza a una adicción es la pérdida de control y la dependencia. En estos casos el comportamiento está desencadenado por una emoción que puede oscilar desde un deseo intenso hasta una auténtica obsesión y que es capaz de generar un fuerte malestar, síndrome de abstinencia, si se deja de practicarlo. Son precisamente estos síntomas lo que se están observando en la práctica del Pokemon go, el sujeto, ofuscado por el deseo de completar el juego llega a perder el interés por otro tipo de conductas que anteriormente le resultaban placenteras.

Tengamos en cuenta que todas las conductas adictivas están controladas inicialmente por reforzadores positivos, pero terminan por ser controladas por reforzadores negativos, es decir, por el alivio de la tensión emocional, dicho de otro modo, una persona normal puede hablar por el celular o conectarse a Internet por la utilidad o el placer de la conducta en sí misma; una persona adicta, por el contrario, lo hace buscando el alivio del malestar emocional, es decir, intentando ahuyentar el aburrimiento, la soledad, la ira o el nerviosismo
CONSEJO A LOS PADRES:

Uso adecuado de las tecnologías de acuerdo a la edad: tener en claro los límites de edad, el tipo de tecnologías involucradas y la cantidad de tiempo diario invertido. Según la Academia Americana de Pediatría, los padres deberían evitar que sus hijos utilicen estos aparatos antes de llegar a la edad en que tengan una madurez adecuada. niños menores de dos años no deberían estar expuestos a ningún tipo de pantalla, ya que estos primeros años son cruciales para el desarrollo cerebral de la persona.

Procure que haya un adulto en casa durante el horario de conexión del menor: con el fin de que pueda supervisar y dar soporte al menor cuando está conectado a Internet. Pídales que sean ellos quienes les instruyan en alguna aplicación, qué ventajas tiene y cómo se utiliza.

Navegue y chatee de vez en cuando junto a sus hijos: podrá conocer sus hábitos y preferencias y creará un clima de mayor confianza entre ambos. Los padres deben conocer quienes son las personas habilitadas en el chat de sus hijos y si reciben algún tipo de información amenazadora o desagradable

Estén presentes cuando sus hijos den de alta su perfil en una red social o juegos: lean con ellos la política de privacidad y de uso de datos y el peligro de facilitar ciertos datos.

El teléfono móvil es un instrumento para comunicarse, no es un juguete. Observe si es adecuado el uso que hace su hijo. Durante la noche, la comida, en el estudio, el teléfono debe estar apagado.

La mejor prevención es recordar que las máquinas están al servicio del ser humano y no el hombre al servicio de la tecnología.
Como cristianos debemos ser abiertos y estar actualizados, hacer un buen uso de las redes y la tecnología teniendo en cuenta que está diseñada para facilitar la vida a las personas, por lo tanto si comienza a complicarla, se debe hacer un alto en el camino y reflexionar.
Leticia.perez@hotmail.com.ar