Por Pablo Colombo (*)

 

Un poco de historia, simplificada. Resulta que en diciembre 2001, Argentina anunció que no pagaría sus deudas. Esto se llama técnicamente “default” o cesación de pagos. ¿Qué pasó entonces? Bueno, los países y fondos que tenían bonos argentinos dejaron de poder cobrar los intereses y el capital invertido. Al pasar esto, el precio de los bonos se desplomó (imaginate que un bono que valía u$s 100 y que te iba a pagar u$s 10 de intereses pasó a valer por ejemplo, u$s 0,10). ¿Porqué se derrumbó su precio? Bueno, porque el país emisor (Argentina) dijo abiertamente que no los iba a pagar. Entonces, aparecen los denominados Fondos Buitres, que no eran los inversores iniciales, sino fondos especulativos que se dedican a comprar deuda en default a precios de remate para luego esperar pacientemente a que los juicios terminen y ellos puedan cobrar el valor real más los intereses de dichos bonos.

Una primera apreciación: ¿es ilegal lo que hacen los buitres? Comprar por u$s 0,10 algo que valía u$s 100? No, no es ilegal. ¿Es ético comprar para especular con un juicio futuro? Bueno, ese es otro tema. Pero no nos engañemos, ya que si Argentina no entraba en default no existirían nuestros tan mentados buitres. Existen porque nosotros no pagamos cuando debimos.

Sigamos un poco más, pasan los años y el juicio avanza y termina decretando que Argentina debe pagar sus deudas en default.

En medio de esto, el país consiguió acuerdos con los inversores iniciales, con una quita de deuda y refinanciación. Esa fue una parte de la solución.

Pero los fondos buitres no tenían interés en arreglar ese tipo de negociaciones, ¡porque su negocio es el juicio!

Una de los problemas que tiene un país en default es que ningún banco extranjero y casi ningún país le prestarían dinero, porque piensan que correrán la misma suerte. Y si te prestan, lo hacen a tasas internacionales muy por encima de un préstamo para un país NO en default.

Entonces ahora llega este acuerdo con los buitres, donde pagaremos muchísimo más de lo que se hubiese pagado si no se entraba en default, donde cada minuto sin pagar incrementa los intereses. Una vez cerrado el acuerdo, Argentina podrá volver a financiarse nuevamente con fondos internacionales a tasas más bajas.

Esperemos haber aprendido de la historia, y usar esos nuevos fondos para el crecimiento del país.

Para finalizar, pienso que a las deudas NO hay que honrarlas como se dice muchas veces (la honra solo para Dios): a las deudas solo hay que pagarlas en tiempo y forma.

 

 

(*) Pablo Colombo es Contador Público y Licenciado en Administración de Empresas. Autor del libro “Liderando mis finanzas”.