Por Gerardo Vera

“Como te ven te tratan. Si te ven mal te maltratan, si te ven bien te contratan”

Parece que la popular frase de Mirtha Legrand se ha hecho de cabecera para muchos blogueros y aspirantes a influencers (“influenciadores” en buen criollo) que quieren y buscan ser tratados como seres admirables y amados a toda costa, aún de su economía o su salud mental.
Es que hay millennials (la generación nacida después de 1980 que en lugar de pan vino con una tablet y un celular debajo del brazo) que están gastando fortunas y endeudándose para comprar ropas de marca y hacer viajes al solo efecto de sacarse las “fotos perfectas”, imágenes que les permitan mostrar una vida perfecta y así lograr pasar al club de los pocos elegidos que tienen la fortuna de influenciar a las masas, cobrando suculentas cifras para recomendar productos y servicios.
Si una nueva raza de celebrities ha aparecido últimamente en el estrellato mediático, son sin duda los influencers, ya sea mediante sus blogs, YouTube, Twitter, Instagram o la suma de todas las plataformas sociales en las cuales puedan cazar seguidores, llámese marketineramente “público cautivo” -llamémosle así para ser políticamente correctos- o simples y sencillos rehenes de estos influenciadores virtuales que ellos mismos corren la misma carrera de satisfacer su necesidad de aceptación, pero unos pasos más adelante y de manera más redituable que sus seguidores.
Unas décadas atrás, cuando yo era niño, una muestra de aprobación y aceptación podía venir de que alguien dijera algo como “¡Qué inteligente que es este niño… puede llegar a ser Presidente de la República!”. Hoy, ante un escenario cambiado y una política devaluada, si uno le pregunta a un chico qué quiere ser se dará de narices con una respuesta que recibirá a repetición: “Quiero ser youtuber”.

Su majestad el LIKE
Puede usted pasar la mitad del año viajando por el mundo y conduciendo un auto de exclusivísima y altísima gama, pero en estos tiempos virtuales ese estatus social es nada, aunque lo muestre por las redes sociales, si es que sus fotos y videos no se llenan de likes (Me gusta) en forma de pulgares arriba o corazoncitos.
Lamento decirle que mientras no obtenga el cuadrito plateado de YouTube por su gran tráfico de 6 cifras, usted no existe, teniendo en cuenta el mar de contenidos que es Internet, y particularmente dentro de YouTube donde se suben cientos de horas de nuevos videos cada minuto.
Tan importante es el cuadrito que muchos están dispuestos a comprar copias apócrifas que se venden en Internet, aunque al entrar en su canal, YouTube le informe que sólo tiene 3 suscriptores, a la sazón, seguramente la mamá, la novia y esa tía solterona y canchera que siempre nos apoya en todo lo que emprendemos.
¿Pero qué es lo que subyace a estas conductas? Básicamente la necesidad de ser aceptado, de encajar y ser admirado en un mundo cada vez más hostil. Quizás viene cargando por muchos años una mochila con historias de rechazo, menosprecio y bullying, de la que surge la necesidad de mostrar a aquellos que otrora ejercieron el rechazo o menosprecio, cuán genial es su vida hoy o cuán lejos ha llegado, mucho más allá de los agresores de antaño a los cuales necesita restregarles en la cara virtual su maravillosa vida (inventada).
Sin dudas esta etapa de la historia mundial se encuentra bajo el dominio soberano de la imagen, y aquella máxima que dice que “una imagen vale más que mil palabras” se potencia cuando la imagen es intencionalmente creada para un propósito.
Si hablásemos de un producto, sencillamente estaríamos refiriéndonos a la publicidad. Pero estamos hablando de personas que necesitan mostrar una vida genial para sentirse aceptados y queridos por miles de personas en remotas regiones del globo terráqueo a las que nunca llegarán a conocer.
Es que la satisfacción simplemente llega por saber que a mucha gente le gusta lo que hacen, lo que visten, lo que comen o los lugares que visitan. Y a modo de reality show privado y auto producido, exponen sus vidas ficticias como si fuera la realidad, inmersos en una adictiva necesidad de likes.
Y este es el enfoque que debemos contemplar: la adicción. Porque se manifiestan los mismos mecanismos mentales de la adicción y la compulsión incontrolada. Por caso la podremos equiparar más fácilmente a la situación de un ludópata, alguien con adicción al juego que puede perder todos sus bienes, su dinero y aún -ante la falta de este para seguir alimentando su necesidad de mantenerse jugando- contraer desmesuradas e impagables deudas que acaban por destruir sus finanzas, sus relaciones familiares y toda su vida, dejándolo completamente arruinado.
Exactamente por esto el antídoto es la autenticidad desde un comienzo. Quizás usted tenga la tentación de hacer o tener algo para mostrar en sus redes. Solamente tenga cuidado de que eso no comience a convertirse en un hábito o que le demande un gasto extra de dinero para sustentar esa ilusión.
Una de las claves de la felicidad y la paz mental es ser feliz valorando lo que uno es y tiene. Hágame caso. Me lo va a agradecer…

Mirá el video en https://www.youtube.com/watch?v=eQB0blemZC8&feature=youtu.be