Por Dra. Paola Basualdo
(Fuente: Femenina Magazine) Si se nos rompe el auto vamos al mecánico; si se fisura una tubería de agua, enseguida buscamos el teléfono del plomero; si el problema lo tiene el lavarropas, el service está en la puerta tocando timbre… pero cuando los que tenemos problemas de salud somos nosotros, tenemos las mil y una artimañas para evitar la visita al médico.
Ese amable ser que suele vestir guardapolvos blanco o, en su defecto, un ambo que puede ser también blanco, verde o azul y que nos abre la puerta de su consultorio con una amplia sonrisa es el médico. Uno se aventura enseguida a que el médico anda rogando para que la gente se enferme así aumenta su clientela. Nada más lejos de la realidad. El médico, seguramente, querrá trabajar pero no por eso esperará que la gente se enferme, así que descartemos la teoría del sepulturero (aquel que dijo: “yo no le deseo mal a nadie, pero a mí que no me falte trabajo”).
También podemos pensar que con los médicos sucede algo así como con algunos mecánicos a quienes uno le lleva su automóvil porque “hace un ruidito raro” y sale del taller sin el auto porque le diagnosticaron que ese ruidito era: falta de frenos, rulemanes viejos, filtro gastado y, de paso, tenía un farol que no andaba. “Uno entra al consultorio por un dolorcito de muela y seguro termina en el quirófano para un transplante” dice el mito popular o la leyenda urbana que rodea a quienes temen visitar al galeno. Bueno, tampoco es tan así, eh.
Entonces, ¿cuál es -o cuál suponemos que es- la razón por la que evadimos permanentemente la posibilidad de ir al consultorio médico cuando nos duele algo y no sabemos qué es?
Veamos algunas opiniones:
“Siempre dejo pendiente la consulta al médico porque… ¡no tengo tiempo!” (Natalia).
“Creo que uno deja pendiente la visita porque cree que hay cosas más urgentes que hacer (que no es lo mismo que importantes), y siempre pasa lo mismo: cuando estás con un dolor que no das más, recién ahí vas.” (Priscila).
“A veces sí postergo la visita al médico, pero generalmente me obligo a mí misma a ir para sacármelo de encima. Creo que quizás es por miedo a lo que nos dirá que tenemos, o también porque quizás nos manda a hacer análisis que no siempre son muy lindos. En mi caso yo detesto sacarme sangre y esas cosas ¡así que sufro un poco cada vez que tengo que hacerlo!” (Cecilia).
“Soy de ir al médico pero suelo postergar la fecha cuando me dice que vuelva… suelo sacar turno tres o cuatro meses después. Esto me pasa porque antepongo otras ‘prioridades’ y si me siento bien dejo pasar un poco más el tiempo. Por otro lado, aunque no sea mi caso, creo que las mujeres suelen dejar pendiente la visita al medico por ‘miedo a que les encuentre algo’ y tiran de la cuerda. En mi opinión, ¡eso no está bien! mejor es tratarse a tiempo.” (Lucrecia).
“Depende la especialidad y la urgencia, dejo pasar tiempo cuando me toca ir al médico. Hace dos años atrás, tuve una erupción en la piel así que fui sólo porque me asusté un poco. Por lo general, la espera en los consultorios es ‘mortal’ y encima después a uno lo atienden como un número y lo despechan, eso te desalienta. Pero creo que tiene mucho que ver el profesional y la especialidad que se va a consultar. La última vez que fui al médico, hace unas semanas, fue porque tenía que completar un apto de salud para la facultad. Esperé y esperé y cuando la profesional atendió fue muy agradable, apasionada con lo que me decía. De hecho como me había atendido súper bien, volví con gusto.” (Verónica).
“Lo primero que hago cuando retiro los estudios de rutina es ver los resultados. Los últimos me dieron bien así que… ¡todavía no pedí turno con mi médico!” (Luciana).
“Trato de no postergar si me duele algo o si sé que hace tiempo que no voy. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer? Hay que cuidarse.” (Estefanía).
Cambiando el enfoque
¿La enfermedad como centro?
Si nos enfocamos en la enfermedad, entonces mientras no sintamos ningún síntoma, dolencia ni malestar no vemos la necesidad de consultar. Les damos escalas a esas dolencias y, dependiendo de lo mucho o poco que molesten en nuestra vida diaria, decidimos si vanos a consultar más tarde o más temprano.
A veces, como muchos de nuestros lectores nos compartieron, es la falta de tiempo; no encontramos en la semana el momento oportuno ni las horas adecuadas en nuestra rutina diaria.
Muchas veces tenemos miedo de lo que pueda decirnos o de lo que pueda encontrar. Conocemos varias historias alrededor nuestro de aquellos que fueron a consultar y ¡puf! algo apareció.
Pero creo muy enserio que lo que necesitamos es un cambio de enfoque.
La salud como centro
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define salud como “el bienestar bio-psico-social”, o sea, el bienestar del cuerpo, de la mente y de la interacción en lo social.
La salud es un derecho y, sobre todas las cosas, es un estado. Es dinámica, lo cual significa que hay que mantenerla.
Si nos enfocamos en mantener el estado de bienestar, entonces, la consulta no dependerá de sentir algún síntoma o dolencia. Si mantenernos saludables se convierte en prioridad, podremos dedicarle el tiempo necesario y pasará a la lista de cosas que debemos hacer sí o sí (como pagar las cuentas o hacer las compras para el mes).
Si nos enfocamos en la salud, no sólo consultaremos a tiempo; comeremos más sano, ejercitaremos, descansaremos, nos divertiremos.
Pero, además de todo esto, la salud es un legado a hijos, esposo o esposa, nietos. Al mantenernos saludables les regalamos años para compartir con ellos que a su vez les permitirá crecer saludables.
Nuestra la salud no nos pertenece a nosotros mismos, es colectiva; permanezcamos saludables por nosotros y por ellos.
Así que un consejo para recordar: cambiar tu enfoque, pensar en salud y el consultar al médico será algo dentro de tus prioridades pues te ayudará a mantenerte saludable.
SALUD=DERECHO=LEGADO ¡Te desafío al cambio!


















