Por Enrique Fraquelli (*)

Todo se prepara rumbo a una única religión mundial: la No Religión. De a poco, con sutileza, se van atacando a los que piensan diferente. Se los va segregando, acusando de intolerantes, se los acosa psicológicamente para que no hagan públicas sus ideas “distintas”.

Se habla de inclusión y respeto por la diversidad… pero se busca que todos digan lo mismo. Que nadie diga nada que al otro no le guste.

Yo pienso distinto. Yo creo en la diversidad de pensamientos, en la inclusión de diferentes para lograr una sociedad de iguales (de iguales posibilidades, de iguales oportunidades, de igual trato, de iguales recursos, de iguales responsabilidades…). Pero no creo que TODOS DEBAMOS PENSAR IGUAL.

Yo creo en Dios, creo que Jesús es el Hijo de Dios y murió por mis pecados en la cruz, creo que el Espíritu Santo es Dios (creo en un Dios trinitario). Pero no creo que todos deban creer lo mismo. Creo que cada uno tiene derecho a…

creer lo que quiera… Pero eso no le da derecho a reclamarle a Dios si es que no vive de acuerdo a lo que Dios enseña y pone como regla.

Si mi vida no está acorde a lo que Dios estableció como regla de convivencia, no tengo derecho a reclamar nada. No tengo derecho a la salvación en Jesucristo, si no creo en Jesucristo (y “creer” no es “hablar”, es “hacer”).

Muchos quieren los beneficios sin pagar el precio para obtenerlos (y no me refiero al sucio dinero que enfermó a las iglesias). La creencia en Dios es VOLUNTARIA. No por la fuerza, o bajo amenaza.

Yo te presento la salvación que está en Jesucristo, para alcanzarla debés vivir según las normas de la Biblia. ¿No te gusta eso? Listo, no hay problema, yo sigo mi camino y vos hacé de tu vida lo que quieras… pero después no esperes conseguir la salvación en Jesucristo, porque la RECHAZASTE.

Las cosas se hacen al modo que plantea el dueño, siempre y en todos lados el dueño pone las condiciones y el resto acepta o rechaza. Así de simple. Más bruscamente dicho: ¿Querés ser gay?, Sé gay… ¿querés ser borracho? Sé borracho… ¿querés matar, prostituir, violar, robar…? Hacelo… sos libre de elegir esos caminos. Pero si hacés esas cosas no esperes recibir el “visto bueno” de Dios.

La Biblia es clara: Dios ama a la humanidad, pero aborrece las obras desviadas de su normativa. Dios te ama a vos y a mí, pero seguramente muchas cosas de las que hacemos no le agradan.

En cada uno está el poder de decisión para hacer lo que se nos plazca la gana o hacer lo que Dios nos pide.

(*) Enrique Fraquelli es periodista.